NOTAS Y CONCLUSIONES – I ENCUENTRO DE MUJERES COMUNERAS MARÍA CASCAJA

El siguiente documento recoge las conclusiones extraídas del I Encuentro de mujeres comuneras “María Cascaja” además de resumir el contenido formativo del que pudimos ser partícipes.

Durante la mañana del sábado asistimos a la charla y debate formativo impartido por las compañeras de Itaia, Red de Mujeres Socialistas de Euskal Herria que se está desarrollando desde hace tres años al calor del nuevo y esperanzador movimiento socialista vasco. A pesar de su juventud como organización Itaia ha realizado un intenso trabajo teórico del que pudimos obtener grandes aprendizajes.

¿Por qué la mujer proletaria está oprimida? o ¿Qué es la opresión de género?.

Para encontrar las respuestas a estas preguntas han realizado una división analítica entre opresión de género y problemática de género. Entendiendo la opresión de género como las formas de dominación que aparecen en nuestra cotidianeidad y la problemática de género como estructura que aumenta el poder burgués, entendiendo este como el poder de mando sobre el trabajo ajeno.

La problemática de género tiene su base en la división sexual del trabajo, división que se extiende a todos los ámbitos de la sociedad burguesa. Esta división permite a la burguesía convertir a las mujeres en un sujeto devaluado, como los migrantes o la juventud, recibiendo salarios menores y en peores condiciones, permitiendo así a la burguesía extraer mayor plusvalía de nuestro trabajo.

Así mismo, la problemática de género ha generado una despolitización de la mujer trabajadora, lo que deja sin capacidades políticas a la mitad del proletariado.

¿Quiénes luchamos contra esto?

Entendiendo que la problemática de género afecta a toda la clase trabajadora, al ser herramienta para aumentar el poder de la burguesía, la respuesta no es otra que toda la clase trabajadora.

La idea del feminismo hegemónico burgués que habla de las mujeres en abstracto se demuestra falsa. La mujer burguesa, aunque sufre formas de opresión concretas, puede amortiguarlas o, incluso, evitarlas. Por ejemplo, la obligatoriedad de las labores de limpieza del hogar les es fácilmente superable contratando a mujeres proletarias para que realicen esos trabajos. La capacidad de decisión sobre sus cuerpos y su reproducción es mayor dado que, sobre la decisión de tener hijos pueden decidir abortarlos (porque tienen acceso a clínicas privadas) o tenerlos (porque tienen las capacidades económicas para mantenerlos).

Así mismo las mujeres burguesas tienen una responsabilidad política ya que en tanto son parte de la burguesía sirven positivamente a la problemática de género para ejercer y aumentar su poder.

¿Quiénes entonces ejercen la opresión?.

Por un lado, la clase burguesa de manera directa pero también sirviéndose de agentes colaboradores o disciplinadores, que pueden ser hombres de clase trabajadora, como los maltratadores o agresores además de la imperante cultura machista que contribuye a que se perpetúe la opresión.

Así mismo se han creado espacios propensos a agresiones que hay que buscar eliminar, como el modelo de ocio capitalista basado en el consumo.

¿Cómo llevar esta teoría a una práctica concreta? ¿Qué estrategias podemos generar a partir de esta teoría?.

Hemos de impulsar procesos de lucha concretos que nos lleven a una acumulación de fuerzas y a ir mejorando desde ahora la situación de la mujer proletaria. No pidiendo al Estado burgués que cambie la situación, ni esperando al día abstracto en el que se produzca la revolución.

Hemos de saber diferenciar entre la lucha por las reformas y el reformismo. Hay cambios concretos que podemos conseguir que son positivos si estos pueden servir para mejorar nuestras capacidades de lucha: aumentar la conciencia de clase, demostrar la efectividad de nuestro modelo de sociedad, reducir la dependencia de nuestra clase y, sobre todo, hacer ver los límites de las reformas y la necesidad de un proceso revolucionario.

Tenemos que buscar evitar caer en las dinámicas reivindicativas por inercia, carentes de propuesta estratégica, y que acaban generando frustración. Prueba de ello son las movilizaciones masivas del 8 de marzo, que muestran esa capacidad de movilización, pero que no llegan a movilizar nuestras capacidades ni existe una estrategia para conseguir mejoras concretas.

Así mismo estas formas de movilización hacen que la lucha de muchas mujeres se restrinja a esto, alejándolas de la participación dentro de organizaciones políticas que aspiren a un cambio de sociedad.

Lemas que encabezan movilizaciones de masas de mujeres como “Mi cuerpo, mi decisión” se nos muestran entonces como erróneos. Por un lado, este lema solo nos afecta a las mujeres trabajadoras, como hemos comentado anteriormente. Además entendemos que no se conseguirá esa libertad de elección poniendo ese lema en pancartas sino generando un modelo de sociedad concreto que lo garantice.

El generar este modelo de sociedad se ha de desarrollar en forma de proceso que lleve a una toma de poder progresiva del proletariado. Toma de poder que no se da entrando en las estructuras capitalistas estatales, sino creando una organización política que garantice el cumplimiento de los objetivos de las trabajadoras y aumente sus capacidades de mando sobre el trabajo.

Hemos de entender la lucha como un largo camino, ser conscientes de las fuerzas de las que disponemos, acertar con las formas organizativas y los métodos a desarrollar.

Esas formas organizativas han de conseguir pasar de un modelo activista de reivindicaciones abstractas a un modelo basado en la disciplina y una división del trabajo planificada.

Nuestra tarea como mujeres revolucionarias no ha de ser engrosar las filas del feminismo en general, sino crear una línea socialista que se acerque a la masa proletaria de mujeres, así como trabajar y extirpar las formas de opresión de género concretas que puedan darse dentro de las organizaciones, creando, por ejemplo, protocolos que garanticen la fortaleza de las organizaciones revolucionarias o garantizando que no exista división sexual del trabajo dentro de los espacios militantes.

Las organizaciones de mujeres socialistas han de servir entonces para lograr la eficacia de la participación de las mujeres en las organizaciones revolucionarias.

Será necesario acercar y adecuar estos análisis a nuestro contexto concreto: la tierra de Castilla; para que a partir de ello podamos realizar una praxis adecuada en torno a la problemática y la opresión de género de cara a la construcción del proceso comunero.

De la intervención de la tarde del sábado sobre cuestión nacional, son resaltables algunos puntos del debate.

• “Castilla hizo a España y España deshizo a Castilla.”

• En Castilla no existe esa burguesía nacional castellana a la que confrontar como sí ocurre en otros pueblos del Estado, esto nos alivia y garantiza el germen de clase y obrero de nuestra lucha nacional pero a la vez nos la dificulta en cuestión de medios y relevancia. Ocurre que en Castilla, la clase dominante (nueva burguesía emergente) deja de estar interesada en el territorio ya que los procesos de industrialización dejaban en un último plano el mundo agrario. Castilla sólo interesaba como colonia interior, el granero de España sin capacidad de decidir sobre sí misma.

• España nos ha desposeído de nuestra cultura e imaginario popular propio.

• A Madrid se le ha despojado de todo sentimiento nacional castellano y se le ha impuesto y obligado una cultura ajena a su pasado, el Madrid del Chotis y las Sevillanas. Esto sirve para crear una barrera de comunicación entre las dos Castillas y evita la relación en términos organizativos entre estas, también sirve como punto estratégico para aglutinar todo el poder estatal y sus estructuras creando un agujero dentro del propio territorio castellano.

• En lo rural sigue existiendo un cierto reducto comunal del que Madrid carece debido a su carácter metropolitano. El concejo, el comunal y la vereda son formas de hacer propiamente castellanas y ajenas a las lógicas del capital. Sin embargo, es urgente e imprescindible incidir y construir el camino nacional en Madrid por la cantidad de proletariado que aglutina y por su propio origen comunero.

• Somos indiscutiblemente mujeres, obreras y castellanas y como tal encargadas de darle forma al análisis de explotación que sufrimos.

• Señalamos también lo interesante de reflejar el significado de los términos comunero y castellano, estando el primero más ligado al movimiento revolucionario obrero si sabemos significarlo en lo que sigue y el segundo a lo folclórico y definitorio.

• Nuestros objetivo a corto, medio y largo plazo debe ser estar presentes y apoyar los movimientos obreros que se desarrollen en nuestra tierra, ayudar a dar voz a la clase obrera castellana, dar una mirada internacionalista y solidaria de clase hacia otros pueblos y sus procesos soberanos, compartir y aprender de su teoría y su praxis, conocer nuestra historia para analizar los problemas de la tierra castellana, buscar referentes en mujeres de Castilla y conocer y valorar su miltancia.

Tenemos que ser parte de este proceso comunero, estar presentes en las organizaciones, formarnos, estudiar, debatir y ser militantes disciplinadas para hacerlo llegar a cada rincón de Castilla.

Seguir fijando puntos de encuentro para dar continuidad y forma a una estrategia común.

Nos llevamos dos preguntas clave como trabajo de investigación para el próximo encuentro, ¿Cómo afecta la cuestión nacional a la mujer castellana? Y ¿Cuáles son las razones materiales por las que no se industrializó Castilla o lo hizo de una manera notablemente menor que otros pueblos del Estado?.

El próximo encuentro de mujeres comuneras será el 20 y 21 de marzo de 2021 (fecha sujeta a cambios, ver convocatoria).

A continuación, se han recogido las ponencias del taller de historia al que asistimos el domingo por la mañana. Porque la historia es nuestra y la hacen los pueblos. Índice:

1. Mundo rural y mujeres en la Edad Media: la importancia del comunal.

2. Las mujeres trabajadoras durante la Rebelión de las Comunidades (1521).

3. Las Brujas: herejía y desposesión.

4. Los Motines del Pan en Castilla: obrerismo y organización.

5. La presencia de Mujeres Libres en Castilla.

Mundo rural y mujeres en la Edad Media: la importancia del comunal

El funcionamiento de las comunidades rurales en la primigenia Castilla (s. VII-IX) dista mucho de ser tan cerrado y abusiva como la conocemos. Es verdad que el patriarcado seguía materializándose en una estructura en la que el hombre ejercía una dominación, pero no es la misma que nos han querido transmitir con el concepto “Edad Media”.

Antes de la creación de Castilla, los pequeños núcleos rurales tenían sus propias relaciones de poder interpersonales y, en definitiva, eran autónomos. La esclavitud y la dependencia se reflejaban en ciertas comunidades con amplísima influencia romana y aquellas que necesitaban defenderse ante las idas y venidas entre musulmanes y cristianos.

El único fin de las pequeñas comunidades y en torno al que giraban todas sus decisiones y formas organizativas era la producción para sí mismos y la supervivencia.

De esta manera, la toma de decisiones la llevaba a cabo una asamblea en la que la participación era abierta. Si se establecían relaciones de poder era por vejez y no por méritos o poder adquisitivo (aunque con el paso de los años, la conformación de una corte castellana y la llegada de la Iglesia, esto cambiaría).

Aunque no existía una estructura familiar, sino que los grupos cohabitantes eran muy diversos, el papel biológico tenía gran importancia. Las mujeres tenían el trabajo de cuidar de sus hijos y de la casa al tiempo que ejercían la misma labor en el campo. Era una doble jornada pero no era menospreciada (no había una clara concepción del trabajo doméstico como trabajo infravalorado).

La situación de las mujeres de clase más alta (cuando empezaba a conformarse el estamento privilegiado) era más bien diferente a lo que podemos imaginar. Permanecían casi las 24h del día recluidas en sus aposentos con las concubinas y su relación con el marido tenía solamente el fin de procrear. Muchas veces, estas mujeres llegaban a esta posición a través del rapto rural (esto es, mujeres rurales de las que se encaprichaban los nobles y eran secuestradas para su casamiento).

En definitiva, durante los primeros siglos de la Edad Media se mantienen formas de organización comunales en la que las diferencias entre hombres y mujeres campesinas no son tan marcadas. Las formas de cohabitación varían y no existe una organización tradicional y asentada en valores, ya que la Iglesia no ha hecho mella aún. Conforme avancen los siglos y se establezca una sociedad estamental, la situación empeorará.

Las mujeres trabajadoras durante la Rebelión de las Comunidades (1521):

Lo cierto es que no se ha encontrado mucha información sobre la situación de las mujeres trabajadoras durante este periodo, así que tampoco podemos establecer unas líneas claras sobre su papel. Sin embargo, sí que queremos tratar de desmitificar una figura, la de María Pacheco. Porque, si bien tuvo un papel importante en la defensa de Toledo y última resistencia de las Comunidades no debemos olvidar su origen social y que llegó a apuntar los cañones del Alcázar contra los toledanos en un intento de retomar el orden y evitar la rendición del pueblo, que estaba exhausto y pedía pan y paz.

Desde el Encuentro de Mujeres Comuneras, recomendamos el análisis de la revuelta comunera como parte y lanza de nuestra historia y nuestro pueblo castellano.

Recomendamos la lectura del libro “Las comunidades como movimiento antiseñorial” de Juan Ignacio Gutiérrez Nieto.

El propio Karl Marx rezaba en “La España revolucionaria (9 de septiembre de 1854. New York Daily Tribune): “A pesar de estas repetidas insurrecciones, no ha habido en España hasta el presente siglo una revolución seria, a excepción de la guerra de la Junta Santa en los tiempos de Carlos I, o Carlos V, como lo llaman los alemanes. El pretexto inmediato, como de costumbre, fue suministrado por la camarilla que, bajo los auspicios del virrey, cardenal Adriano, un flamenco, exasperó a los castellanos por su rapaz insolencia, por la venta de los cargos públicos al mejor postor y por el tráfico abierto de las sentencias judiciales. La oposición a la camarilla flamenca era la superficie del movimiento, pero en el fondo se trataba de la defensa de las libertades de la España medieval frente a las injerencias del absolutismo moderno.

La base material de la monarquía española había sido establecida por la unión de Aragón, Castilla y Granada, bajo el reinado de Fernando el Católico e Isabel I. Carlos I intentó transformar esa monarquía aún feudal en una monarquía absoluta. Atacó simultáneamente los dos pilares de la libertad española: las Cortes y los Ayuntamientos. Aquéllas eran una modificación de los antiguos concilia góticos, y éstos, que se habían conservado casi sin interrupción desde los tiempos romanos, presentaban una mezcla del carácter hereditario y electivo característico de las municipalidades romanas. Desde el punto de vista de la autonomía municipal, las ciudades de Italia, de Provenza, del norte de Galia, de Gran Bretaña y de parte de Alemania ofrecen una cierta similitud con el estado en que entonces se hallaban las ciudades españolas; pero ni los Estados Generales franceses, ni el Parlamento inglés de la Edad Media pueden ser comparados con las Cortes españolas. Se dieron, en la creación de la monarquía española, circunstancias particularmente favorables para la limitación del poder real. De un lado, durante los largos combates contra los árabes, la península era reconquistada por pequeños trozos, que se constituían en reinos separados. Se engendraban leyes y costumbres populares durante esos combates. Las conquistas sucesivas, efectuadas principalmente por los nobles, otorgaron a éstos un poder excesivo, mientras disminuyeron el poder real. De otro lado, las ciudades y poblaciones del interior alcanzaron una gran importancia debido a la necesidad en que las gentes se encontraban de residir en plazas fuertes, como medida de seguridad frente a las continuas incursiones de los moros; al mismo tiempo, la configuración peninsular del país y el constante intercambio con Provenza y con Italia dieron lugar a la creación, en las costas, de ciudades comerciales y marítimas de primera categoría.

En fecha tan remota como el siglo XIV, las ciudades constituían ya la parte más potente de las Cortes, las cuales estaban compuestas de los representantes de aquéllas juntamente con los del clero y de la nobleza. También merece ser subrayado el hecho de que la lenta reconquista, que fue rescatando el país de la dominación árabe mediante una lucha tenaz de cerca de ochocientos años, dio a la península, una vez totalmente emancipada, un carácter muy diferente del que predominaba en la Europa de aquel tiempo. España se encontró, en la época de la resurrección europea, con que prevalecían costumbres de los godos y de los vándalos en el norte, y de los árabes en el sur.

Cuando Carlos I volvió de Alemania, donde le había sido conferida la dignidad imperial, las Cortes se reunieron en Valladolid para recibir su juramento a las antiguas leyes y para coronarlo. Carlos se negó a comparecer y envió representantes suyos que habían de recibir, según sus pretensiones, el juramento de lealtad de parte de las Cortes. Las Cortes se negaron a recibir a esos representantes y comunicaron al monarca que si no se presentaba ante ellas y juraba las leyes del país, no sería reconocido jamás como rey de España. Carlos se sometió; se presentó ante las Cortes y prestó juramento, como dicen los historiadores, de muy mala gana. Las Cortes con este motivo le dijeron: «Habéis de saber, señor, que el rey no es más que un servidor retribuido de la nación».

Tal fue el principio de las hostilidades entre Carlos I y las ciudades. Como reacción frente a las intrigas reales, estallaron en Castilla numerosas insurrecciones, se creó la Junta Santa de Ávila y las ciudades unidas convocaron la Asamblea de las Cortes en Tordesillas, las cuales, el 20 de octubre de 1520, dirigieron al rey una «protesta contra los abusos». Éste respondió privando a todos los diputados reunidos en Tordesillas de sus derechos personales. La guerra civil se había hecho inevitable. Los comuneros llamaron a las armas: sus soldados, mandados por Padilla, se apoderaron de la fortaleza de Torrelobatón, pero fueron derrotados finalmente por fuerzas superiores en la batalla de Villalar, el 23 de abril de 1521. Las cabezas de los principales «conspiradores» cayeron en el patíbulo, y las antiguas libertades de España desaparecieron.

Diversas circunstancias se conjugaron en favor del creciente poder del absolutismo. La falta de unión entre las diferentes provincias privó a sus esfuerzos del vigor necesario; pero Carlos utilizó sobre todo el enconado antagonismo entre la clase de los nobles y la de los ciudadanos para debilitar a ambas. Ya hemos mencionado que desde el siglo XIV la influencia de las ciudades predominaba en las Cortes, y desde el tiempo de Fernando el Católico, la Santa Hermandad había demostrado ser un poderoso instrumento en manos de las ciudades contra los nobles de Castilla, que acusaban a éstas de intrusiones en sus antiguos privilegios y jurisdicciones. Por lo tanto, la nobleza estaba deseosa de ayudar a Carlos I en su proyecto de supresión de la Junta Santa. Habiendo derrotado la resistencia armada de las ciudades, Carlos se dedicó a reducir sus privilegios municipales y aquéllas declinaron rápidamente en población, riqueza e importancia; y pronto se vieron privadas de su influencia en las Cortes. Carlos se volvió entonces contra los nobles, que lo habían ayudado a destruir las libertades de las ciudades, pero que conservaban, por su parte, una influencia política considerable. Un motín en su ejército por falta de paga lo obligó en 1539 a reunir las Cortes para obtener fondos de ellas. Pero las Cortes, indignadas por el hecho de que subsidios otorgados anteriormente por ellas habían sido malgastados en operaciones ajenas a los intereses de España, se negaron a aprobar otros nuevos. Carlos las disolvió colérico; a los nobles que insistían en su privilegio de ser eximidos de impuestos, les contestó que al reclamar tal privilegio, perdían el derecho a figurar en las Cortes, y en consecuencia los excluyó de dicha asamblea.

Eso constituyó un golpe mortal para las Cortes, y desde entonces sus reuniones se redujeron a la realización de una simple ceremonia palaciega. El tercer elemento de la antigua constitución de las Cortes, a saber, el clero, alistado desde los tiempos de Fernando el Católico bajo la bandera de la Inquisición, había dejado de identificar sus intereses con los de la España feudal. Por el contrario, mediante la Inquisición, la Iglesia se había transformado en el más potente instrumento del absolutismo.

Si después del reinado de Carlos I la decadencia de España, tanto en el aspecto político como social, ha exhibido esos síntomas tan repulsivos de ignominiosa y lenta putrefacción que presentó el Imperio Turco en sus peores tiempos, por lo menos en los de dicho emperador las antiguas libertades fueron enterradas en una tumba magnífica. En aquellos tiempos Vasco Núñez de Balboa izaba la bandera de Castilla en las costas de Darién, Cortés en México y Pizarro en el Perú; entonces la influencia española tenía la supremacía en Europa y la imaginación meridional de los iberos se hallaba entusiasmada con la visión de Eldorados, de aventuras caballerescas y de una monarquía universal.

Así la libertad española desapareció en medio del fragor de las armas, de cascadas de oro y de las terribles iluminaciones de los autos de fe.”

Las brujas: “herejía” y desposesión:

Es necesario contextualizar el periodo histórico en el que nos encontramos. Para entender la caza de brujas que se dio de finales del siglo XV hasta casi el XVIII, tenemos que hablar de un cambio de sistema. Los estamentos medievales y las formas de organización política, social y económica del sistema feudal comienzan a dar paso a un incipiente sistema de producción capitalista.

Y en sus inicios, ¿para qué servía la caza de brujas? La Inquisición consideraba brujería a aquellas prácticas y comportamientos que se alejaran de la moral católica que se impuso por completo con el reinado de los Reyes Católicos. No solo reprimió cualquier práctica cultural pagana, sino que también persiguió las comunidades primitivas organizadas en torno al común. La caza de brujas sirvió como excusa para apaciguar el conocimiento popular y controlar la sexualidad femenina (condenando la homosexualidad y dividiendo al campesinado) a través de una campaña de miedo.

En el año 1531, Carlos I penaba con la muerte (antes no había un certificado legal) la brujería con el fin de legitimar la violencia y tortura extrema contra estos grupos de mujeres. Con el deterioro del modelo de organización feudal, se pasó de considerar crimen colectivo (akelarres) a crímenes individuales. Todo esto, bajo un continuo adoctrinamiento y sistemáticas violaciones y torturas.

Si entendemos la creación del Imperio de Carlos V como un paso a un estado diferente al monárquico (estado imperial), apreciamos que la caza de brujas se extrapola fuera de Castilla, a los territorios conquistados como práctica de sometimiento.

Algunos ejemplos de brujas en tierras castellanas son: Juana Ruiz, María Parra, Apolonia Martínez, Ana de Roa o Isabel de la Higuera.

Ejemplos de mujeres autodidactas y, muchas veces, organizadas, que transgredían la férrea norma inquisitorial en Castilla.

Los motines del pan: Lucha obrera en Palencia, Valladolid y otros pueblos castellanos.

Ocurrieron en Castilla durante el siglo XIX. La protesta que comenzó en junio de 1856 arrasó e incendió fábricas, campos y domicilios particulares en protesta contra las medidas fiscales del gobierno de Espartero y la carestía del pan. Las mujeres castellanas en pie de guerra y el pueblo amotinado contagiaron la revuelta en distintos puntos del norte de Castilla. El pueblo tenia hambre.

Estos motines son revueltas anunciadas que parten de una necesidad de emancipación de la clase trabajadora castellana, ésta en concreto es liderada por mujeres. Es especialmente relevante la figura de María la Cascaja o Dorotea Santos, que da nombre y a la que queremos hacer homenaje en este encuentro de mujeres castellanas, pero hay otras, Tomasa Bartolomé o Generosa Petral (“La Madrileña”). Son figuras que no podemos olvidar como militantes socialistas y como castellanas y castellanos.

Hemos tenido acceso a información privilegiada y documentación original sobre los motines del Pan que compartiremos cuando nos sea posible.

La presencia de Mujeres Libres en Castilla:

Mujeres Libres consiguió construir en apenas tres años una organización fuerte que aglutinó a casi 28.000 mujeres en todo el Estado. De ideología anarquista, este grupo de mujeres abordaban la explotación de las mujeres obreras de una manera muy diferente a lo que, hasta entonces, había sido el feminismo (de hecho ellas nunca llegaron a considerarse feministas).

Hablaban de una triple esclavitud: por ser ignorantes, por ser de clase obrera y por ser mujeres. Y desde esta idea abordaban su estrategia de lucha. Para alfabetizar a la población femenina se centraron en el ámbito rural y acabaron teniendo gran impacto en los pueblos castellanos. Entendían que la explotación de clase generaba la ignorancia de las clases proletarias y abordaron de raíz ese problema: dieron educación a las mujeres a la par que creaban conciencia de clase. Además, las animaban a ser parte del proceso revolucionario.

Aunque su actividad comenzó en 1936, no se conformaron hasta un año después, en su primer congreso. Como entendían que la problemática de la mujer también era una cuestión de clase, querían ser parte del movimiento libertario (que en aquel momento lo conformaban CNT, FAI y JJ.LL.), pero los compañeros no lo consintieron, ya que consideraban que el tema de la mujer debía tratarse “después de la revolución”.

Es especialmente interesante su trabajo en la creación de “liberatorios de prostitución”, en los que se daba a las prostitutas tratamiento médico, psicológico, ayuda emocional y orientación y capacitación para continuar una vez fuera del liberatorio. Dieron recursos materiales a estas mujeres mientras las corrientes burguesas únicamente planteaban la abolición.

También realizaban trabajo constante en el ámbito militante, para superar la falta de liderazgos, hacer frente a las violencias y mejorar el papel político de las mujeres. En el ámbito de cuidados, impartieron clases de enfermería y crearon guarderías en fábricas y cámaras de lactancia para las madres obreras.

Consideraban a Castilla “la región deshecha por el régimen burgués”. En nuestras tierras, destaca la sección de Madrid (especialmente activa desde su creación, en 1936). Otros ejemplos de núcleos de Mujeres Libres los tenemos en Guadalajara, Horche, Yebra o Mazuecos. En el norte de Castilla no llegaron a desarrollarse tanto dado que el bando franquista lo controló pronto.

“Castilla, mitad tierra, mitad cielo. Un solo color: el pardo de sus pájaros que contrastan con el azul como sombras simbólicas de fidelidad. Un fruto: los trigos. Un solo horizonte. Su ciencia: ritmo de silencios de asceta. Castilla es la más pobre.” (Fragmento de una de sus publicaciones).

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