HACIA LA REPÚBLICA SOCIALISTA CASTELLANA

Dijo Ramón María de Valle-Inclán que los españoles habían echado al último Borbón, no por Rey, sino por ladrón, y es que Alfonso XIII se llevó el equivalente a 48 millones de euros de las arcas públicas en su temerosa huida para evitar un destino parejo al del Zar Nicolás II en Rusia.

Sumando su apoyo a la Dictadura de Primo de Rivera y otros tantos desmanes, condujo a que el gobierno de la II República aprobara en Cortes la Ley de 26 de noviembre de 1931, donde Alfonso XIII sería acusado de alta traición. Franco derogaría la Ley.

Su sucesor en la dinastía Borbónica, Juan de Borbón, tampoco se quedó atrás y como buen Borbón, también estuvo envuelto en casos de corrupción: su aparición en los «Papeles de Panamá» en relación con su herencia depositada en paraísos fiscales, de la cual sale también señalada Pilar de Borbón.

Con esto llegamos a la edad de oro de los desfalcos borbónicos, casi una década en la que Juan Carlos I ha tenido que pedir perdón por estar de safari en Botsuana en plena crisis económica, ha usado a Corinna de testaferro bajo amenazas, ha cobrado comisiones ilegales por el Ave a la Meca, se ha visto implicado en el «Caso Nóos” (entre tanto Urdangarin ha pisado el banquillo de acusados con su posterior sentencia en relación con el caso), se acogió a la amnistía fiscal del PP y se demostró la existencia de cuentas en Suiza de su propiedad.

Y como no podía ser de otra forma, el aparato del Estado español le ha dado un lavado de cara a la Corona permitiendo que Felipe VI renuncie a la “herencia” depositada en 2 cuentas “offshore”, aun cuando tenía constancia de ser beneficiario de estas cuentas, y retire la asignación a su padre. Y aquí no ha pasado nada. Todo ello sin que los principales medios de comunicación le presten la atención pertinente y con el Pueblo encerrado en casa sin poder tomar la calle para reclamar justicia: como reza la máxima del Gatopardismo, “si queremos que todo siga como está, es necesario que todo cambie».

Sin embargo, todos estos escándalos de corrupción no afectan tanto como podríamos pensar en aquellos que se definen como monárquicos, y es que el Estado y la identidad española actual, depende a la vez de las formas modernas de explotación capitalista y de las instituciones del Antiguo Régimen como la Iglesia católica o la Monarquía.

La monarquía, prácticamente vacía de contenido, se utiliza en la actualidad como escudo de contención contra los movimientos de autodeterminación y los avances de la clase trabajadora (a la par que la Iglesia y la familia católica, se utilizan para contener los avances del feminismo). Sin embargo, esto ha sido una constante desde el Siglo XV, el Ejército, La Iglesia y la Monarquía como base ideológica de la clase dominante, logrando avances en las formas monárquicas con el devenir de los siglos, pasando de absolutista a parlamentaria y de una dinastía a otra, pero volvemos a la famosa frase del Gatopardo.

El uso que hizo Franco de la simbología Realista (vuelta a la bandera Monárquica durante la Guerra Civil, uso de la Marcha Real en él 36, dejar a Juan Carlos de sucesor etc) es algo lógico si tenemos en cuenta el proceso de construcción de identidad de España como imperio y como nación, forjada sobre la hechos como la unión dinástica de los Reyes Católicos, el fracasado Gran Memorial de Olivares o los Decretos de Nueva Planta, ejemplos claros de poner los intereses de la Monarquía española por delante de los del pueblo castellano y de la identidad española en detrimento de la castellana. En todo caso unas dinastías cruzándose con otras en busca de una mayor influencia, reyes uniendo Pueblos sin respetar sus identidades.

Desde Comunistas de Castilla queremos dejar claro nuestro más absoluto rechazo a la monarquía española, no sólo por su condición monárquica y por tanto una forma anacrónica de jefatura del Estado y contraria a cualquier concepción de democracia, sino también por ser la institución más representativa del imperialismo español y precursor del mismo. 

Comunistas de Castilla,

14 de abril de 2020.

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