Contra la pandemia de la Covid-19, soberanía y solidaridad internacionalista

La crisis de la Covid-19 que atraviesa el mundo ha dejado en evidencia el fracaso absoluto del sistema capitalista y su gestión de la pandemia dejando a lo largo de los meses una inasumible cantidad de fallecimientos y contagios.

El modelo adoptado por los países occidentales de convivencia con el virus anteponiendo los beneficios empresariales a la salud del pueblo tiene como única esperanza para la salida de la crisis pandémica, la vacunación de la población.

El problema de esto es que en el capitalismo la lógica que impera es la del mayor beneficio y por ello, ponerse en manos de la industria farmacéutica para salir de la crisis es como ir en una carrera en la que unos conducen un fórmula 1 y otros una bicicleta sin pedales. Los países más desarrollados y ricos accederán antes y acapararán las vacunas dejando a su suerte y retrasando la vacunación en los países más empobrecidos.

En Comunistas de Castilla, como en otras organizaciones sociales y políticas, somos conscientes de que para acabar con la pandemia de la Covid-19 es necesaria la vacunación de manera absoluta de la población mundial. De nada sirve, en un mundo globalizado, que un estado controle la pandemia mediante la vacunación, si otros quedan a la cola, ya que se corre el riesgo de rebrotes a lo largo del tiempo.

Por eso, desde un principio apostamos, una vez desarrolladas las vacunas con grandes inversiones de dinero público de los distintos estados, por la liberación de las patentes y el flujo informativo coherente entre los distintos estados para así descentralizar la producción de vacunas, acabar con la especulación en la distribución y venta al mejor postor por parte de los laboratorios, y aumentar el ritmo de vacunación en todo el mundo que permita acabar con los efectos devastadores de la pandemia.

EEUU, con Trump como presidente y bajo el lema América first bloqueó las exportaciones de vacunas y materias primas y se opuso a la liberación de patentes como pedía la India, Sudáfrica y la OMS.

Ante esto, la Unión Europea y el Estado español, con los partidos del régimen a la cabeza y los defensores de esa cuestionable libertad capitalista, C´s, Vox y PP y los social-liberales del PSOE, votaron una y otra vez en contra de todas las iniciativas presentadas en todas las instancias, la última ocasión, en el Parlamento Europeo a finales de abril, para liberar o suspender las patentes de las vacunas. Y todo ello usando las ya comunes descalificaciones en el terreno político de la institución: bolivarianos, comunistas y demás mantras usados por la derecha mediática y política.

El giro dado por Biden hace días con respecto a la liberación de las vacunas no responde a una mayor solidaridad o empatía hacia los países empobrecidos asolados por la pandemia. Responde a intereses geopolíticos y a la pérdida de influencia ante China y Rusia que, con una notable diplomacia accedieron con sus respectivas vacunas a estados que tradicionalmente les eran ajenos.

No tardaron ni un día, los mismos lacayos españoles del imperialismo que se oponían a la liberación de las vacunas hace unas semanas en cambiar de opinión, en un movimiento cargado de cinismo e hipocresía, y apostar también por la liberación de las patentes vendiéndose ante la población y el mundo como el gobierno más solidario y progresista.

Esta pandemia ha dejado clara, además, la dependencia que tiene el Estado español y por ende Castilla, de terceros países en el suministro de material médico, medicamentos y vacunas.

Es necesario contar con una industria farmacéutica pública de control social porque los fármacos que regulan la salud pública no pueden estar en manos privadas y sujetos a intereses económicos ajenos al pueblo. 

Cabe recordar que los acuerdos a los que llegaron los estados para la compra anticipada de las distintas vacunas aseguraron la financiación (incluso en caso de fracaso) a las distintas farmacéuticas, que después enviaron, según su conveniencia, las partidas de las vacunas o vendieron en una especie de subasta a la que los países más empobrecidos accedieron con muchísima dificultad.

Por eso es precisa una industria farmacéutica pública, de control popular y puesta a disposición del pueblo.

Contra la pandemia de la Covid-19, soberanía y solidaridad internacionalista.

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