CAPITALISMO Y SALUD MENTAL

CAPITALISMO Y SALUD MENTAL

<<También las formaciones nebulosas que se condensan en el cerebro de los hombres son sublimaciones necesarias de su proceso material de vida, proceso empíricamente registrable y ligado a condiciones materiales. La moral, la religión, la metafísica y cualquier otra ideología y las formas de conciencia que a ellos corresponden pierden, así, la apariencia de su propia sustantividad. No tienen su propia historia ni su propio desarrollo, sino que los hombres que desarrollan su producción material y su trato material cambian también, al cambiar esta realidad, su pensamiento y los productos de su pensamiento. No es la conciencia la que determina la vida, sino la vida la que determina la conciencia. Desde el primer punto de vista, se parte de la conciencia como si fuera un individuo viviente; desde el segundo punto de vista, que es el que corresponde a la vida real, se parte del mismo individuo real viviente y se considera la conciencia solamente como su conciencia>>.

Karl Marx La ideología alemana

 

A lo largo de la historia de la psiquiatría, es preciso comprender el papel que la pérdida y la recuperación de la salud mental puede jugar en la sociedad existente en cada momento histórico. No hay una historia interna de la psiquiatría y los cambiantes objetivos y explicaciones que la misma ha sostenido a lo largo del tiempo, solo pueden entenderse tras comprender las sociedades a las que ha servido como resultado de un cambio en los encargos que definen una función social. No son los avances en las teorías o los instrumentos los que han conducido a prácticas cambiantes, más bien son los cambios en la evolución y el desarrollo de las sociedades las que han originado esos cambios. Entendemos mejor la evolución de la psiquiatría y sus disciplinas afines si consideramos las teorías  en las que ha pretendido basarse como la ideología –en el sentido de <<falsa conciencia>> que Marx da a este término- con la que los psiquiatras y profesionales afines pretenden justificar una práctica que les viene reclamada desde fuera. La medicina cumpliría, por ejemplo, un papel de <<mediación>> entre los individuos y las nuevas realidades sociales que, desconocidas hasta el momento, fueron surgiendo tras los distintos avatares del desarrollo capitalista.

La sociedad de consumo indujo unas estrategias del deseo exigentes e insaciables, cuya primera consecuencia es la inestabilidad psicológica, la ansiedad y esa intolerancia al duelo, la depresión y la frustración que tan acertadamente con caracteriza. Una vez instaurado el derecho a la felicidad como una exigencia irremplazable, cualquier fallo, lentitud o tropiezo del deseo nos vuelve pacientes de la psiquiatría con excesiva facilidad.  Estas profundas transformaciones en la organización del trabajo empujadas por la caída de la tasa de beneficios, facilitadas por el sometimiento de los grandes sindicatos a los designios del capital y por la presión de un desempleo masivo transformado en gigantesco <<ejército de reserva>>, requieren la apropiación de todas las capacidades humanas por parte del capital. Desaparece la diferencia entre tiempo de trabajo y vida privada, las relaciones entre las personas, sus conocimientos en otras esferas de la vida, su creatividad, su alegría, su capacidad de comunicación, sus necesidades, su seguridad, etc., están subordinadas y son utilizadas directamente para la valorización del capital.

Las situaciones de amenaza son frecuentes para los individuos, que a menudo quedan ocultas en inseguridades sociales, familiares o bibliográficas, aunque transforman la estructura interna de la sociedad y las bases del estilo de vida. Hace ya años que los humanos fueron desprendidos de sus condiciones tradicionales de vida, de sus referencias familiares, de clase o de comunidad, y remitidos a sí mismos.  Es lo que el psicólogo Aaron Beck llamó el <<individualismo institucionalizado>>, por el que el individuo, aunque creyéndose libre, depende de lo socialmente establecido: las becas de estudio, seguros sociales, los subsidios, las pensiones, etc… La competitividad capitalista contribuye al miedo ambiente que impregna de inseguridad la vida de mucha gente.

La obra del conocido Zygmund Bauman que habla de la sociedad líquida puede entenderse como el párrafo del Manifiesto Comunista que afirma que, frente a la acusación de que los comunistas vienen a destruir a los sagrados vínculos de la ética, la familia, la comunidades naturales o la patria, los comunistas no pretenden tal cosa porque esa destrucción ya la había hecho el capitalismo. Aunque Marx no comparte esa nostalgia de lealtades tradicionales –ese es tema del fascismo que capitaliza la nostalgia del retorno a la familia o al gremio-, sí reafirma esa incompatibilidad entre el mercado y la sociedad.

Respecto a la salud mental que envuelve esta nueva sociedad,  cosas como escuchar las penas, acompañar en las desgracias o aconsejar en momentos de crisis vitales eran tarea de familiares y amigos. Que hoy sean tareas de profesionales por las que alguien paga y cobra refleja el horror económico que domina el mundo. La sala de espera de un centro de salud mental es un espacio singular donde coexisten los llamados “locos de siempre” (Esquizofrénicos, bipolares) con unos niveles de sufrimiento inimaginables, con una confusa multitud quejumbrosa cuyas patologías  comenzamos a describir con etiquetas como distimias, angustias, trastornos somatomorfos, etc… Se trata de personas que sufren malestares  y dolores íntimos de causas diversas, que buscan en lo psiquiátrico cura y alivio sin plantearse ningún cambio de sus situaciones. Ninguna de las personas descritas relaciona sus biografías –el horror de sus trabajos o sus posiciones morales- con sus trastornos. Buscaban tratamiento para poder seguir vendiendo cupones o su cuerpo, para seguir abusando de su estatus y no sentir malestar a posteriori, por ello el uso de fármacos y sus grandes multinacionales, que aprovechando el tipo de vida consumista e individual, siguen día a día enriqueciéndose con nuestra falta de tiempo y apoyos íntimos dándonos esa píldora que nos sigue manteniendo productivos.

Desde Comunistas de Castilla rechazamos este tipo de salud al servicio del capital, cuyo interés se basa en la utilización de remedios  o “parches” utilizados para que la máquina productiva siga funcionando, eliminando el valor de lazos afectivos y el tiempo que es necesario en dar soluciones a los distintos problemas que nos encontramos en clínicas y hospitales fruto en muchos de los casos, por la forma de vida y exigencias de la producción. La salud mental y sus competencias van en aumento constantemente, siendo en unos años uno de los principales problemas de la sanidad, como ya lo es hoy en día la depresión por ejemplo. Creemos necesaria la toma de medidas y el cambio a un tipo de sanidad que priorice a las personas frente a las empresas,  a la salud frente a la productividad.

¡Por una sanidad digna para el pueblo Castellano, por la salud mental de los y las castellanas!

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