Declaración política de Comunistas de Castilla. Agosto 2012

Crisis mundial y cambio necesario 

La crisis que padecemos es de ámbito mundial y afecta hasta los pilares del modo de vida. Con la crisis del capitalismo, converge la crisis energética y la ecológica que ya han puesto en peligro la supervivencia de la especie humana y del mundo mismo. Vivimos, en definitiva, una crisis de civilización en la que se ha puesto en solfa lo que producimos, cómo lo producimos y cómo nos relacionamos para producirlo.

La pugna por los mercados protagonizada por las grandes potencias por la hegemonía mundial entre EE.UU y las potencias emergentes (como China), toma la forma de guerra asesina contra pueblos enteros en la periferia del sistema -ahora mismo con la intervención imperialista de la OTAN en el Oriente Próximo: Libia, la permanente amenaza sobre Irán, Siria,… pero también está la guerra dentro de los polos imperialistas con la destrucción de ingentes fuerzas productivas en las zonas más débiles de los mismos -como el Estado español en el marco de la Unión Europea- y cuyos damnificados se cuentan por millones de parados y paradas, y cierre masivo de centros de trabajo. Se crea por tanto un peligrosísimo contexto de autodestrucción. Por eso hoy más que nunca, cambiar el orden mundial es absolutamente necesario. O socialismo o barbarie. 

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La crisis capitalista pone en evidencia el carácter obsoleto del Estado español

La magnitud de la crisis pone en evidencia los límites del sistema para buscar soluciones a la misma. Se trata de recuperar beneficios y aumentar la tasa de ganancia. En el Estado español, tras años de desmantelamiento de la industria y otros sectores productivos y tras la explosión de la burbuja inmobiliaria, se buscan otras fuentes de negocio: la especulación con las finanzas del estado. De esta forma, el Estado se endeuda para pagar los negocios ruinosos de la banca e intentar mantener su tasa de ganancia. El Estado español entrega dinero a los bancos a costa de reducir los derechos laborales, sociales y la calidad de vida de las clases populares. Esta reducción, en términos relativos al PIB, es la mayor producida en cualquier país de la UE, incluida Grecia. Pero también en términos absolutos: menor salario mínimo, mayor IVA, etc.

A la par, la fuga de capitales españoles y la especulación con la deuda soberana de los propios bancos españoles, denota que el “patriotismo” de la banca y los grandes empresarios españoles es puro cinismo, en sintonía con el que animó en su día a la oligarquía en 1936 para promover un levantamiento militar, la consiguiente guerra y una de las mayores represiones contra la población conocidas, con el único fin de mantener sus privilegios de clase.

La oligarquía que ganó la guerra es la misma que manda ahora, la cual erigió un modelo de poder muy alejado de cualquier negociación que pudiera consensuar un mejor reparto de la riqueza o la gobernabilidad territorial con las clases subalternas. España no se constituyó como una hegemonía de una clase burguesa industrial y democrática sino como una continuación de un Imperio ruinoso, gobernado por una oligarquía a través una red caciquil-mafiosa y clientelar que se extendía a través de las provincias.

La “transición” no significó la instauración de un nuevo orden democrático-burgués. Las burguesías periféricas pactaron un caciquil reino de las autonomías, y lo mismo hizo la “izquierda histórica” del PSOE y el PCE. Las fuerzas “democráticas” pactaron su inclusión en la élite política a cambio de la renuncia de sus programas: la autodeterminación, el socialismo, el comunismo. Ni siquiera la forma republicana de estado quedó salvada. La España de las Autonomías era, en el fondo, la misma España de antes pero renegociada con la izquierda entregada, cambio de nombre y expansión sin límites de la burocracia institucional política, donde todos tendrían su parcela de poder y privilegio.

A la hora de abordar una salida capitalista a la actual crisis internacional, los resortes del Estado se resienten. Si el modelo de clase y caciquil del estado había podido hasta ahora ir salvando las diversas crisis a base de los mecanismos monetarios clásicos -nunca volviendo a la situación de referencia anterior a la crisis en cuanto a derechos laborales y sociales- ahora eso ya no es posible y, en este momento, las arcas del Estado están prácticamente vacías.

Las voces de la izquierda reformista más agudas observan un aparente “golpe de estado” por parte de la banca contra el estado. De ahí la permanente referencia de sus líderes más destacados a una “dictadura de los mercados”, como si fuera posible un capitalismo sin estos. Esta visión es resultado de una opción ideológica que mantiene que la naturaleza del estado español sería -aunque burguesa- democrática. En realidad, el capital financiero, – junto con los grandes terratenientes y empresarios- siempre ha ejercido el poder desde 1939 y la separación entre estado y economía nunca fue como en las democracias burguesas típicas. Nunca hubo una separación completa entre las instituciones políticas y las grandes sociedades privadas. Pasar de unas a otras o estar en ambas esferas, es cosa de todos los días.

El modelo del Estado español ha resultado ser el más oneroso de todos los estados de la UE. Demasiados cargos con demasiados sueldos. Innumerables instituciones cuya única finalidad es mantener la red clientelar. La compra de voluntades, los consensos forzados vía corrupción, formalizan un sistema carísimo económicamente e insostenible hoy por hoy. La corrupción, otrora inmejorable elemento de “cohesión” nacional española, ha sido posible gracias a enormes dispendios económicos procedentes de las arcas estatales. Sin dinero ¿cómo se mantendrá la red caciquil y la cohesión de los partidos “democráticos”?

A pesar de ello, todo el mundo sigue exigiendo su parcela en el reparto del poder, a cambio, claro está, de su aporte al mantenimiento del sistema pero, sin duda, las tensiones internas se irán haciendo patentes, aunque intenten ocultarlas. Y, finalmente, si se acompaña de la lucha de las clases subalternas, se podrá destapar la naturaleza de clase, mafiosa y asesina del Estado impuesto a sangre y fuego por los militares fascistas en 1939 y remozado en el proceso de la llamada “transición”.

En este contexto, la ausencia total de una mínima política que intente repartir los efectos de la crisis de una manera más equilibrada entre las distintas clases sociales, se producen dos tipos de efectos, uno sobre las clases a las que se hace pagar la crisis, y otro sobre el propio estado mafioso:

1) Contra las clases populares y los Pueblos del Estado no podrá ser otro que el de la más terrible de las represiones políticas.

2) Sobre el conjunto de las instituciones estatales, un proceso de adelgazamiento de las paupérrimas formas “democráticas” con que se revistió el estado monárquico: disminución de las competencias municipales, recentralización territorial, disminución del número de representantes en las instituciones, etc. Por supuesto, en el marco del desmantelamiento del estado como prestador de servicios (sanidad, educación, etc.).

Ambos efectos envueltos, claro está, de la necesidad de mantener la paz social, de extender el “patriotismo español” para salir de la crisis, del discurso de la “eficacia en la gestión” y zarandajas por el estilo de nuestros fascistas gobernantes. Claramente, esas políticas ya se han puesto en marcha.

Ahora mismo, las tensiones entre los sectores de los poderosos tienen su epicentro en un aparente cuestionamiento de las autonomías frente a un modelo estatal más centralista, debate que llega a través de los medios de falsificación y de algunos partidos y sectores en apariencia progresistas, como un reforzamiento de “España” frente a los derrochadores autonómicos.

Este debate es absolutamente falso, solamente expresa las tensiones mencionadas ante la falta de dinero suficiente para mantener un sistema más “generoso” con toda la “familia española”. Tanto una “España de las autonomías” como una “España más España” no son más que diferentes expresiones de un sistema clasista y centralista de poder del capital triunfante de la guerra del 36-39. Para los comunistas castellan@s el problema no es más o menos centralismo, sino el de la verdadera libertad del pueblo frente a un estado capitalista, opresor y corrupto.

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Castilla en el punto de mira estatal

La división de Castilla en territorios propicios para la extensión de redes caciquiles y el sometimiento de sus clases populares, ha ayudado sobremanera a garantizar la dictadura de la oligarquía española en todo su Estado. Las artificiales autonomías en que es dividida Castilla, acompañadas del patrioterismo español más chabacano, han provocado efectos inesperados para los que inventaron este modelo de dominación territorial. Y como no, la crisis, está descubriendo dichos efectos.

Los fondos -a cambio del desmantelamiento industrial, del abandono del campo castellano, de la recolonización- que se han venido recibiendo desde Europa no se han utilizado para relanzar un tejido productivo necesario, sino más bien para garantizar el funcionamiento del clientelismo. Ahora que esos fondos se han ido retirando va descubriéndose el papel subalterno de toda la economía castellana y su supeditación total a los mandados de la UE y la oligarquía española.

El desmantelamiento de la industria y el sector minero, la paulatina destrucción de la agricultura familiar, los escándalos financieros que al calor de la explosión de la burbuja inmobiliaria se están destapando; la emigración masiva de nuestros jóvenes, sitúan a nuestra tierra en una posición de irremediable involución mientras toda su economía siga esos dictados exteriores. La implantación del euro está arruinando las economías de l@s trabajadores y capas populares.

Para Comunistas de Castilla la inmediata salida de Castilla de la UE y del euro se convierte en una necesidad por la propia supervivencia de nuestro Pueblo.

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En “España” no hay solución a la crisis para el pueblo trabajador castellano. 

Ante esta situación se pone de manifiesto la falta por parte de la izquierda del sistema de una hoja de ruta para derribar al Gobierno -que la llevaría en estos momentos a reconocer la obsolescencia de todo el entramado de poder- y su incapacidad de cuestionar un gobierno de mayoría absoluta a tres años de las próximas elecciones -algo que ni sindicatos y partidos de izquierda del Estado siquiera se atreverían a soñar, ya que tanto esos partidos como sindicatos forman parte del propio Estado con el que comparten el modelo de poder y reparto de privilegios para sus respectivas burocracias.

En este marco, la izquierda revolucionaria no españolista debemos prepararnos para un escenario de resistencia en que la tenacidad, la paciencia, la solidaridad de las organizaciones populares y anti sistema debe ser el camino para desarrollar una alternativa de poder popular que, este sí, no tiene ningún problema en cuestionar la legitimidad del orden establecido a todos sus niveles.

Ahora bien, los comunistas castellan@s, junto con otros destacamentos revolucionarios tenemos claro que la salida de la crisis es en primer lugar, política, esto es, que sólo cuando las clases populares puedan ejercer el poder desde la independencia frente al Estado español y el sistema capitalista que gestionan, sólo así podrán ponerse en marcha políticas favorables a las mayorías populares. En definitiva: autodeterminación para Castilla y poder para su clase obrera y sectores populares, o capitalismo español, esto es, pobreza y esclavitud.

Las contradicciones que el sistema capitalista español está abriendo junto con la reacción ante las mismas abrirán las puertas, en función de la capacidad de resistencia y de lucha, a un escenario que bien podría posibilitar una salida rupturista al sistema en su conjunto.

La izquierda españolista -incluyendo la “revolucionaria”- podría ser un lastre por su miopía centralista y ayudar objetivamente al Estado en su reformulación neo-centralista creyendo que eso afecta positivamente a la unidad nacional y hasta de clase. Por ello seguiremos insistiendo en que no hay en España solución a la crisis y que la ruptura, si quiere ser revolucionaria debe cuestionar todas las relaciones sociales que nos sigan ligando a la forma de vida anterior: económicas, de género, políticas y nacionales.

Agosto 2012
Comunistas de Castilla

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