Documento para una propuesta organizativa de los comunistas castellanos

Si no existe la organización, las ideas, después del primer momento de impulso, van perdiendo eficacia, van cayendo en la rutina, van cayendo en el conformismo, y acaban por ser simplemente un recuerdo”

Ernesto Guevara 1

 Introducción

A lo largo de la historia, los pueblos, clases y géneros explotados, se han dotado de prácticas y principios organizativos muy variados que se han ido teorizando y sistematizando en base a la acumulación de enseñanzas -y su transmisión de unas generaciones a otras- derivadas de la interrelación de las condiciones objetivas de la dominación padecida y las experiencias de lucha puestas en marcha por los sujetos explotados (trabajadores, pueblos oprimidos y mujeres) para transformar esas condiciones de opresión.

La lucha de clases ha hecho emerger una enorme variedad de formas de lucha que van desde los orígenes de las primarias prácticas tales como el sabotaje, pasando por las comunas campesinas, el asociacionismo obrero-sindical, el terrorismo individual, el blanquismo, la organización de los partidos socialdemócratas, la organización clandestina, los consejos obreros, la lucha guerrillera irregular, etc, etc.

Toda esta multiplicidad de formas organizativas y de lucha aparecen en la historia unidas a unos objetivos concretos. No pueden revestir el mismo carácter las luchas que aspiran a una simple mejora salarial o laboral concreta, las que aspiran a reformar una ley determinada o aspiran a una cuota de gobierno a través de las instituciones, que aquellas que están dirigidas a la transformación radical de las relaciones sociales de poder y la toma del poder.

Si el reformismo se ha definido como “la negación de la dialéctica entre los fines y los medios, entre los objetivos por un lado, y por el otro la estrategia y la táctica”2 una actitud revolucionaria no puede sino caracterizarse por trabajar de forma constante y autocrítica por adecuar los medios, los instrumentos organizativos de que nos dotamos para que sirvan del mejor modo a nuestros objetivos revolucionarios. Ese es el objetivo de este documento.

 Una herencia que sacudirse, unos principios que retomar.

Iniciamos una nueva etapa militante con una importante experiencia a nuestras espaldas de la que hemos de aprender y extraer enseñanzas prácticas. Como comunistas castellanos hemos sido partícipes de un proyecto estatal inserto en una determinada trayectoria política-ideológica que extendió su influencia sobre el Movimiento Comunista Internacional. Nos referimos a la herencia del llamado socialismo real con sus luces y sombras, de la que se derivaron concepciones y principios organizativos y políticos que durante décadas han sido tomados por universales e incuestionables por los partidos comunistas clásicos.

La concepción monolítica traducida en el fortalecimiento del centralismo en detrimento de la democracia, la dualidad entre dirigentes y dirigidos, la subordinación de la táctica y estrategia revolucionaria nacional a la de otros partidos, una interpretación esquemática del significado del papel de vanguardia, el burocratismo o el dogmatismo, fueron prácticas que corroyeron a los partidos comunistas en el s.XX y que explican en gran medida la derrota de las experiencias socialistas y la crisis del socialismo real de los años 60.

Tomando la parte por el todo los manuales de “marxismo-leninismo” de la academia establecieron como oficial EL modelo de partido instituido en los años 30 en la URSS, extrapolandolo a todos los países y situaciones sin excepción, con consecuencias nefastas.

En el Estado español, además, el papel protagonista jugado por el comunismo español en la readaptación occidental del stalinismo, tras el famoso XX Congreso, potenció el llamado eurocomunismo y las llamadas “vías nacionales al socialismo” que han contribuido aún más a la confusión y al desprestigio de la hoz y el martillo confirmando la tendencia de convertir a los P.C.s en una fuerza más del sistema que abraza el parlamentarismo y la sobrestimación de la legalidad burguesa, contraviniendo los principios más elementales de la teoría marxista del Estado, el poder y la propiedad privada corroborando la máxima que dice que “quienes se pronuncian a favor del camino de las reformas legislativas en lugar de -y en contraposición a- la conquista del poder político y de la revolución social, no están realmente eligiendo un camino más calmo, seguro y lento hacia la misma meta, sino una meta distinta.”3

Tipo de organización. Principios organizativos.

Desde Comunistas de Castilla, entendemos la organización como una herramienta para hacer la revolución y construir una Castilla libre, socialista y antipatriarcal y consideramos que nuestros principios organizativos han de corresponderse con la nueva sociedad que aspiramos a construir y nuestro modelo o estructura organizativa ha de ser lo suficientemente flexible y dinámica como para adaptarse al contexto dibujado por el escenario de la lucha de clases a nivel nacional-estatal-internacional en cada momento.

Para ello es necesario combinar dos principios: el de la máxima democracia y el de la máxima eficacia, esto es, participación y dirección política, los cuales se articulan en la concepción del centralismo-democrático:

• Todos los órganos de dirección son colectivos y se eligen desde abajo. Tienen que rendir cuentas de su trabajo con regularidad ante quienes les han elegido y ante los órganos superiores. Son revocables.

Todo debate se realiza privilegiando la libertad de criterio y de crítica, la tolerancia de las opiniones individuales, la persuasión (no la orden de mando) y las decisiones colectivas. Cuando sea inevitable, de no lograrse consenso se recurriría a una votación por mayoría, tomando esa decisión como colectiva. En este sentido, centralismo democrático es libertad de crítica y unidad de acción.

• Que los acuerdos de los órganos superiores son obligatorios para todos los órganos inferiores siempre que se cumplieran los dos criterios anteriores.

Carácter de la militancia

Una organización de revolucionarios y revolucionarias

La sociedad capitalista en la que desarrollamos nuestra lucha produce sus propios sistemas ideológicos, inoculando valores y hábitos dirigidos a normalizar las relaciones sociales de poder transversales a las clases sociales, grupos nacionales y géneros que permiten mantener la dominación de un sistema injusto. Así se generalizan el individualismo, el chovinismo, el corporativismo, la corrupción, el machismo, la despreocupación, etc… como características comunes al sujeto de las sociedades del capitalismo europeo.

Es por este motivo que una organización como la nuestra no integra a cualquier “activista” republicano que, aún criticando la monarquía, tenga ilusiones en el sistema parlamentario, o a cualquier sindicalista con conciencia socialdemócrata, etc, etc…

Pero esto no quiere decir que la organización sea una especie de club elitista reservado para los iniciados con más o menos habilidad en el manejo de la teoría marxista o el pensamiento crítico. Visto de este modo, resultaría cómodo quejarse de la falta de crecimiento de la organización señalando las limitaciones ajenas. Hay que tener presente que “del crecimiento numérico depende también el avance cualitativo. No podemos contentarnos con un equipo de cuadros que por selecto y abnegado que sea no basta.”4

Es por eso ello que es fundamental entender de que los elementos de conciencia potenciales para el desarrollo de militantes revolucionarios se encuentran dispersos e inconexos en el pueblo y se desenvuelven de manera más rápida en los momentos de confrontación con las estructuras de dominación del sistema donde se abren resquicios de cuestionamiento de un poder específico, ya sea en un conflicto laboral en un centro de trabajo, una manifestación estudiantil, o en espacios de luchas sociales. Visto de este modo, un revolucionario se forman en el que hacer diario, si bien es necesario el estudio y la organización para ir superando las limitaciones que nos son inherentes.

Sólo a través de la combinación de la intervención personal de cada militante y colectiva -como organización- en nuestro entorno y en los movimientos populares, de la agitación y la explicación, de la planificación de la formación, etc… es posible potenciar la conciencia anticapitalista, antipatriarcal, socialista y castellanista y reforzar así numérica y cualitativamente las filas revolucionarias.

Entre los principios en que nos reconocemos y autoeducamos como militantes están los siguientes:

  • Militancia organizada: la organización revolucionaria requiere del ánimo, las energías y la inteligencia de todos y cada uno/a de sus militantes que nos reconocemos como sujetos protagonistas del cambio social y no como meros votantes o afiliados. Es deber de todo/a militante participar de las reuniones y actividades.
  • Disciplina consciente: la disciplina, en sentido revolucionario, sólo puede ser entendida como la asunción de cada militante de las responsabilidades individuales y colectivas en la lucha revolucionaria en función de sus capacidades, sólo puede surtir efecto si proviene de la concienciación personal de la necesidad de la lucha que llevamos adelante y no de la tutorización de ningún responsable político o comité. Prácticas tales como las responsabilidades individuales rotativas y revocables, la asunción de al menos una tarea por cada militante o la rendición de cuentas, son parte de este principio.
  • Libertad de opinión:es un derecho-deber de todo/a militante participar activamente de la vida política de la organización, pues ésta tiene su mayor valor en las personas que la conforman, en sus aportaciones, análisis, experiencias e iniciativas. Lo colectivo no solapa lo individual, lo complementa y lo potencia.
  • Actitud crítica y autocrítica: hacemos nuestras las palabras del Che que exigen “espíritu inconforme cada vez que surge algo que está mal, lo haya dicho quien lo haya dicho. Plantearse todo lo que no se entienda; discutir y pedir aclaración de lo que no esté claro; declararle la guerra al formalismo, a todos los tipos de formalismo”
  • Moral comunista: “Para construir el comunismo, simultáneamente con la base material hay que hacer al hombre nuevo”La emancipación personal se construye en la dinámica de lucha diaria y el estudio, combatiendo los valores dominantes de la sociedad capitalista, eurocéntrica y patriarcal y construyendo relaciones de solidaridad, igualdad y practicando un socialismo feminista e internacionalista.
  • Desarrollar la lucha revolucionaria en todas sus formas: lucha de masas, lucha por la hegemonía y en aquellas ocasiones que lo requieran, lucha institucional. Todas ellas subordinadas al objetivo de la transformación revolucionaria y la construcción del poder popular o contrapoder. En palabras de Lenin “el marxismo no rechaza categóricamente ninguna forma de lucha. El marxismo no se limita , en ningún caso, a las formas de lucha posibles y existentes sólo en un momento dado, admitiendo la aparición inevitable de formas de lucha nuevas, desconocidas por los militantes de un período dado, al cambiar la coyuntura social”6
  • Autodefensa: es deber del conjunto de la organización desarrollar las medidas y estrategias necesarias para asegurar la integridad de sus militantes y su actividad de la represión estatal.

 

La relación entre la organización revolucionaria y el movimiento popular. Vanguardua, espontaneidad y autoemancipación popular

Una concepción muy arraigada en la militancia comunista es la de la relación jerárquica, no dialéctica, que se establece teóricamente entre vanguardia política y masas populares.

Partiendo de la definición clásica del partido revolucionario como la organización de cuadros, esto es, de los elementos más conscientes de la clase, y a la que no puede pertenecer cualquiera por razón de su nivel de conciencia, se establece un dirigismo o paternalismo, que termina por petrificarse, a través del cual se termina asumiendo que existe una ley natural por la que el partido comunista -que “se las sabe todas”- siempre marcha al frente, con claridad política, vislumbrando las fases de la lucha que está por venir y los métodos correctos para afrontarla, mientras que el pueblo trabajador, el movimiento popular es incapaz por sí mismo de iniciativas creadoras y revolucionarias. De tal forma que en la práctica militante esta concepción se traduce en que:

  • cuando el tiempo político es de inactividad y paz social, y los movimientos son minoritarios, pueden convertirse en la correa de transmisión de las directrices de la organización por puro voluntarismo sin atender a la autonomía del movimiento

  • cuando nos encontramos en una etapa de auge de la lucha de clases, subestimamos la importancia del instinto del pueblo y su capacidad para abrir el camino y generar nuevas formas de autoorganización popular 

Esta concepción es una interpretación sesgada de la afirmación del Qué hacer de Lenin acerca de que la conciencia socialista debe ser introducida dentro del movimiento obrero -que es espontáneo- “desde fuera”, a partir de la cual se ha construido una supuesta relación de oposición entre posicionamientos extremos a un lado y a otro: el vanguardismo y espontaneismo que en la literatura soviética estaba representadas por Lenin y Rosa Luxemburg respectivamente, por cuanto ésta última -supuestamente- adjudicaba a las masas lo que sólo puede ser función del partido: la conciencia y la dirección.

Así la tradición del marxismo soviético terminó negando un posible equilibrio o punto de encuentro entre ambos, de las que surgieron las caricaturas tan dañinas del “leninismo” y el “luxemburguismo”, sobre lo que no podemos externos más aquí.7

Comunistas de Castilla afirma la necesidad de una relación dialéctica entre la capacidad de dirección de la organización política revolucionaria y la espontaneidad popular coyuntural como superación de ese falso debate, entendiendo que los comunistas somos parte del pueblo trabajador y que construimos conciencia anticapitalista y socialista desde dentro del movimiento popular, desmarcándonos de cualquier concepción netamente dirigista y/o espontaneísta.

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Fuentes:

  1. Qué debe ser un jóven comunista, Ernesto Che Guevara
  2. Che Guevara, crítico marxista del reformismo, Iñaki Gil de San Vicente
  3. Reforma y Revolución, Rosa Luxemburg
  4. Cualidades del dirigente, Eduardo Gallegos Mancera
  5. El socialismo y el hombre en Cuba, Ernesto Che Guevara
  6. Guerra de guerrillas, V.I. Lenin
  7. Prólogo a las Obras Escogidas de Rosa Luxemburg, Bolívar Echeverría


    Documento de debate para una propuesta organizativa
    Comunistas de Castilla, Agosto 2012

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