Elecciones 26J: Gane quien gane, el Pueblo trabajador castellano pierde

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Comunistas de Castilla ante las elecciones generales españolas del 26 J:

La fallida democracia española llama nuevamente a las urnas el 26 de junio tras el fracaso de  los partidos parlamentarios de formar una mayoría de gobierno tras la convocatoria electoral del 20 D. Nada ha cambiado en estos meses en lo que se refiere a las condiciones de vida de la inmensa mayoría del Pueblo trabajador castellano, más allá de una disminución testimonial de las cifras del paro empujada por las contrataciones el sector servicios provocada por el turismo de temporada.

Los contratos por días, por horas, los salarios de miseria, las degradantes condiciones de trabajo siguen siendo el emblema nacional de una España que se aferra nuevamente al patriotismo deportivo para alimentar una alienación que debe volver a cumplir su papel esencial el próximo 26 de Junio: generar la ilusión de que todo puede cambiar para que todo continúe más o menos igual.

Los desesperados intentos de una parte de la oligarquía española por intentar formar un gobierno entre PSOE y Ciudadanos se ha saldado con un estrepitoso fracaso en la encarnizada batalla que subyace entre las élites económicas por el control de los aparatos económico, político y judicial del estado español, frente a otro sector de esa misma oligarquía que defendía, y continuará haciéndolo tras el 26 J un gobierno de unidad nacional, presidido por el PP como la fórmula más satisfactoria para garantizar la continuidad de sus privilegios y la defensa de sus intereses de clase.

El gobierno en funciones del PP ha continuado aplicando la hoja de ruta neoliberal adoptando algunos cambios estéticos y electoralistas como el abono completo de la paga extraordinaria al funcionariado que estaba pendiente desde 2012. El tan temido examen de la Comisión europea sobre la contención del déficit se ha saldado con el salvavidas enviado al gobierno de Rajoy por parte de Bruselas, al perdonarle, de momento, el pago de una multa por exceder del 3%, objetivo de déficit previsto para España.

El 26 J se presenta en unas condiciones sustancialmente diferentes de la convocatoria electoral de diciembre. El fracaso del intento del PSOE de formar gobierno con Ciudadanos ha provocado el descalabro del partido de la socialdemocracia española que ha hegemonizado durante décadas el espacio electoral de la llamada izquierda ante el empuje de la nueva socialdemocracia representada  por PODEMOS y reivindicada por sus líderes. A esta recomposición del espacio de la socialdemocracia española contribuye IU con una alianza largamente perseguida por estos para intentar desesperadamente continuar formando parte de la familia institucional del reino de España.

Unidos Podemos es la fórmula ideal para regenerar la socialdemocracia española, pues representa el mismo espíritu ilusionante para millones de votantes que la candidatura del Felipe González en el año 1982, cuando se alzó con el gobierno cosechando más de 10 millones de votos: entonces se habló del gobierno del cambio, pero sabemos lo que representó aquél “cambio” para la clase obrera: miles de puestos de trabajo perdidos gracias a una reconversión industrial impuesta  por Bruselas, un referéndum de la OTAN fraudulento que sirvió para mantenernos en su estructura militar y perpetuar las bases militares USA en territorio español, la instauración de una política de control y represión de la contestación popular con leyes restrictivas como la conocida  “Ley Corcuera”, la generalización del terrorismo de estado a través de los GAL, las torturas en comisarías y la desaparición forzada de personas…

En definitiva aquél cambio supuso la vuelta de tuerca final al proceso de la transición política pactada por todos los partidos del sistema, la puntilla a lo que ellos mismos llamaron “estado del bienestar” y la preparación del terreno para la aplicación del neoliberalismo puro y duro emanado de los centros de poder internacional del capitalismo, el Banco Mundial, el Fondo Monetario internacional, y la Unión europea. Hoy el Pueblo trabajador está pagando con sufrimiento la aplicación de esas políticas, y fue la socialdemocracia, los “socialistas” del PSOE quienes le abonaron el terreno.

Si el cambio que nos promete Unidos Podemos es el mismo que ha representado su referente en Grecia, con el gobierno de Syriza aplicando los ajustes exigidos por Bruselas con mano de hierro, las expectativas depositadas en la coalición se derrumbarán y volverán a sepultar las esperanzas de millones de trabajadores y trabajadoras entre los cascotes de la tozuda realidad de un capitalismo que no permite experimentos humanizadores. El capitalismo es salvaje por su propia esencia. Pablo Iglesias y Alberto Garzón serán devorados por la bestia si tratan de domesticarla. La cuestión es hasta dónde está dispuesto a ceder el capitalismo para evitar un estallido social y una auténtica revolución.

De lo que menos se habla cuando llegan unas elecciones es del programa electoral porque está ampliamente aceptado que se incumplirá cuando se llegue al poder, pero si aceptamos los parámetros de la lógica electoral burguesa, deberíamos votar a tal o cual partido por su programa electoral, y no por su orientación ideológica:

Si es por lo primero, Comunistas de Castilla no podríamos llamar a votar a Unidos Podemos porque su programa no es rupturista, no contempla lo que para nosotras es esencial en un programa transformador: la salida del euro y de la U.E, el impago de la deuda, la salida de la organización criminal OTAN, la derogación de la constitución del 78 incluida la monarquía, el pleno reconocimiento al derecho de autodeterminación y libre separación de los Pueblos oprimidos por el Estado español y una política anti patriarcal que acabe con el terrorismo machista de una vez por todas.

Pero si es por lo segundo, tampoco podríamos llamar al voto para Unidos Podemos porque ideológicamente representa la versión 2.0 de la socialdemocracia actual del PSOE. No cuestiona las estructuras internacionales del imperialismo, y sus guiños a los lobbies empresariales son más que evidentes. Con sus visitas a los círculos de empresarios Pablo Iglesias trata de presentarse como un líder comedido, responsable y alejado de aventuras, pues  en el fondo de lo que se trata es no asustar a los poderosos, diciéndoles: tranquilos, no somos los chicos malos del comunismo, somos los que vamos a gestionar el capitalismo para que todos quepamos en él.

Tenemos claro lo que hará el PP de continuar en el gobierno español, pero ¿qué hará Unidos Podemos si consigue formar mayoría de gobierno apoyado por el PSOE con la aplicación del artículo 135 de la Constitución española? La reforma del art. 135 y la legislación que la concreta obligará a cualquier gobierno que salga de las urnas a reducir el 40% del pasivo de la deuda del estado (1 billón de euros) a un ritmo del 5% anual a partir de 2018, lo que implicará un incremento en los costos del pago de la deuda en 20.000 millones de euros al año. Ese dinero equivale por ejemplo, a un 28% del presupuesto sanitario público anual de antes de la crisis y un 32% del actual.

La legislación europea que concreta el art. 135 es, entre otras, el Tratado de Estabilidad, Coordinación y Gobernanza en la Unión Económica y Monetaria, también conocido como Pacto Fiscal Europeo. Ni los que quieren revertir la reforma del art. 135 explican cómo se saltarían el pacto. Nuevamente tenernos que hacer referencia al ejemplo de Syriza en Grecia, modelo de referencia para IU y Podemos, y de cómo incumplió todas y cada una de sus promesas electorales para cumplir con sus obligaciones para con los acreedores y las directrices de Bruselas.

No obstante sería de necios no reconocer que la candidatura de Unidos Podemos ha sabido recoger las aspiraciones de millones de trabajadores y trabajadoras, y presentarse como una alternativa posible y real a los partidos tradicionales. Desde el campo revolucionario no existe hoy por hoy una alternativa capaz de ilusionar ni movilizar para lograr una ruptura revolucionaria. No existe claridad ideológica ni voluntad política de construir una alternativa radical al sistema capitalista, con una izquierda atomizada y enfrascada en viejas rutinas de enfrentamientos.

En esta coyuntura una gran parte del Pueblo trabajador, harto de traiciones y expectativas defraudadas se dispone a otorgar su voto a una opción que todavía no ha sido salpicada de grandes corruptelas ni ha sufrido el desgaste del ejercicio del poder.

Pero no habrá cambio social sin movilización social, la confianza en que con la simple  mayoría en las instituciones todo se puede cambiar es una entelequia. No basta con oponerle al enemigo de clase las papeletas de votación. A un poder que no duda en ejercer su dominio con la brutalidad necesaria para imponer su hegemonía sólo se le puede oponer el Poder del Pueblo organizado, consciente y con capacidad de combate. Y ahí están los ejemplos de la clase obrera francesa y sus sindicatos de clase, o el movimiento okupa en Barcelona para demostrarlo.

No queremos amargar el día a quienes creen en “la fiesta de la democracia”. Comunistas de Castilla no se presenta a las elecciones porque no somos una opción electoralista, ni acudiremos a votar el 26 J, ni llamamos a votar a ninguna candidatura electoral. Cada cual que actúe conforme a su conciencia, pero reiterándonos en el encabezado de esta declaración, la experiencia histórica, en esta tierra, nos dice que gane quien gane, el pueblo pierde. Nosotras y nosotros seguiremos trabajando antes y después de las elecciones por construir Castilla, por sacar a nuestra tierra del olvido histórico, por evitar que miles de jóvenes tengan que abandonar su tierra para buscarse la vida, seguiremos trabajando para que el Pueblo trabajador castellano pueda adueñarse de su propio futuro.

En Segovia, Castilla, a 12 de junio de 2016

Asamblea nacional de Comunistas de Castilla

 

 

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