Investidura de Rajoy y dimisión de Sánchez ¿fin del régimen del 78 o terca continuidad?

El régimen del 78 se sustenta sobre el entendimiento de los dos grandes partidos del sistema

El régimen del 78 se sustenta sobre el entendimiento de los dos grandes partidos del sistema

Hay quienes ya han anunciado el fin del llamado Régimen del 78 con los recientes hechos acontecidos. De tal suerte, en los próximos meses podríamos ver “una reestructuración profunda en el sistema de los grandes partidos –derecha e izquierda-  que sustituyó al régimen franquista y restableció la democracia en España, siendo continuado por uno protagonizado por el consenso y el diálogo continuos en el marco del papel moderador de la corona

Como la asignatura de  Historia que se imparte en los colegios es una basura, la frase de arriba bien podría formar parte del contenido obligado de la misma y el alumnado deberá memorizarla para la reválida.

Cada cual puede engañarse como quiera, pero un vistazo un poco profundo, debería hacernos visualizar que, en primer lugar, el Régimen del 78 fue erigido para mantener los privilegios y posición de poder de los sectores sociales minoritarios que, a sangre y fuego, vencieron en la guerra 36-39. Y esto es así porque:

  • La amnistía dejaría impunes los asesinatos masivos del franquismo.
  • El régimen económico no se tocaría un pelo. Los ricos no sufrirían ni un solo recorte.
  • La Iglesia seguiría manteniendo el poder sobre la educación y demás que le otorgó Franco.
  • El Ejército mantendría su elitismo, opacidad y antidemocratismo.
  • La Jefatura del estado sería ostentada por alguien de confianza del régimen.
  • Los medios de comunicación estarían al servicio del poder y no tendrían independencia práctica alguna.
  • Y, como colofón y, al mismo tiempo, base de todo, se aseguraría la inquebrantable unidad de España que garantiza todo lo anterior y aquello que no hayamos colocado en este análisis somero.

En definitiva, la falsa democracia del 78 era la aseguradora del poder de la oligarquía triunfante de la guerra, y continuación del régimen impuesto militarmente, el régimen del terror, del capital, el patriarcado  y el catolicismo “españoles”: el Régimen del 39. El 78 continúa al 39 sin rupturas, sin justicia, sin reparaciones pero lo hace continuando con represión, mentira y miedo. Y con la inestimable colaboración de la oposición de “izquierda”: PCE, PSOE y sus consortes de influencia social, sindical, etc.

La llamada “traición” del PSOE por abstenerse en la investidura de Rajoy y con ella permitir su investidura, no es, en puridad, tal. Es una prueba de la madurez y no de la crisis del Régimen del 78. El PSOE es un partido al servicio del régimen, esto es, de la oligarquía económica, militar, religiosa, estatal y mediática a la que su élite pertenece (miren a Felipe González, Rubalcaba y todos sus “jefes”) y está dispuesto incluso a eventualmente desaparecer a mayor gloria de los amos.

Porque la cuestión no es si tal o cual partido existe o deja de hacerlo, sino si alguno pone en cuestión los pilares del régimen de verdad, el que responde a la pregunta de quién manda aquí. Y no nos olvidemos que el pilar que sustenta todo el edificio es el de la unidad de España que lejos de ser una referencia ideológica, es la prueba del nueve que convierte a una organización en “del régimen” o “contra el régimen”.

No basta ser de “derechas” o de “izquierdas” para conocer tu posición respecto al régimen. La historia ha demostrado que la “izquierda del régimen” es tan de derechas como el partido al que sustituye en las elecciones: El PSOE desindustrializó, privatizó,  engañó con la OTAN, creó el GAL, la ley de “la patada en la puerta”… Cosas que de haberlas hecho el PP se hubiera ganado el apelativo de fascista. Quizás por eso, tenía que hacerlas el PSOE.

PSOE y PP son fieros defensores de la monarquía y del amigo americano; de la UE capitalista y verdugo de emigrantes. Y entre ambos reformaron el art. 135 de la Constitución.

El Régimen del 78 era y es, en el fondo y en la forma, un régimen de partido único y sólo podrá ser sustituido por algo democrático cuando se le condene por continuador sin ruptura del régimen del 39 que es el que todavía sigue en vigor.

Sánchez ha sido denostado por muchas cosas dentro de su propio partido. Pero la crítica más certera es la que apunta a su miopía de no ver lo que es de verdad su partido, es decir, para qué sirve su partido (y eso que le ha ido a ver hasta Felipe González  en varias ocasiones). Este Felipe lo dijo con claridad el último día de la campaña electoral de las elecciones de 1982 -que le darían la mayoría absoluta- al contestar a la pregunta “¿Qué es el cambio?” (Por el cambio fue el lema del PSOE). La respuesta fue: “Que España funcione”.  Y una España “funcionante” es la que no deja de dar beneficios a la oligarquía, la asegura el poder y tiene controlado cualquier proceso de cambio real favorable a las clases populares. La tozudez de Sánchez ya estaba poniendo algún palito en la rueda de la máquina española. Sin que esa, desde luego, fuera su intención.

Porque Sánchez no es que cuestione a España, pero lo que ha hecho o pretende hacer (ya veremos si llega muy lejos) es simplemente cuestionar el papel del PSOE en la coyuntura actual,  con Podemos pisándoles los talones, qué hacer con la sangría de votos, cómo mantener el partido y su apuesta de confrontar con Rajoy a “cara de perro” (“es usted un indecente”) cruzó el límite de lo que puede aguantar la élite política, económica y mediática que alumbró al PSOE de Surennes (El Congreso que aupó a González  y los suyos frente a la vieja guardia socialista en el exilio) y que contó con el apoyo internacional de la CIA y, lo más importante, el apoyo orgánico del régimen franquista a través del falangismo de Fraga y su emporio mediático que dio lugar a EL País. Y se extraña que desde ese diario le ataquen impunemente.

Sánchez no tiene ninguna contradicción ideológica con Susana Díez o González. Él es tan partidario del neoliberalismo y del dinero como los otros dos. Su única diferencia es creer que la supervivencia de su partido está en marcar una línea visible entre éste y el PP.

¡Pero si nunca existió esa línea! PP y PSOE están de acuerdo en lo fundamental. Son como las corrientes políticas del régimen franquista –la falange y el opusdeismo católico- las formas en cómo se expresan los diversos  intereses dentro del mismo régimen.

Pero Sánchez debería saber eso, por lo que su equivocación no es creer en la democracia interna del partido (él mismo ha usado el aparato para hacer caer sus enemigos: Madrid, Castilla y León) es creer, simplemente, que su táctica es mejor, que es preferible unas terceras a la abstención para el bien electoral del partido  y El País le ha recordado que: 1) él no manda y 2) no se puede esperar más a la formación de un gobierno para continuar con la política de recortes y represión y corte las alas a los independentistas y 3) que no se preocupe, que el futuro en juego no es el del partido sino el del régimen del 39 y eso es lo que hay que asegurar por encima de todo. A Sánchez le consideran un bobo.

¿Habrá acertado la oligarquía con el derribo de Sánchez? ¿No se habrá precipitado al preferir una solución cortoplacista a la crisis de gobierno sin ver las nubes del futuro? ¿Es que esas nubes no le preocupan?

En cualquier caso, la base populista del poder oligárquico español, la sacrosanta  unidad de la Patria, no parece en mayor peligro desde los partidos “emergentes”: no, evidentemente, desde Ciudadanos pero tampoco parece desde Podemos que, una y otra vez, reitera su adhesión al proyecto español.  Desde ahí ¿será Podemos el recambio del PSOE viejo y desgastado dentro de los límites de España?  Si eso llegara a ser, el Régimen del 39 tendría nueva cuerda.

Pero l@s comunistas castellan@s estamos convencid@s  que los movimientos de liberación nacional y de clase, junto con la lucha antipatriarcal serán capaces de parar la continuidad del Régimen.

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