Nuevo retraso para la criminal reforma del aborto. La movilización feminista continúa

No quieren a las mujeres, no les gustan. Odian que pudieran ser algo totalmente autónomo, liberadas de cualquier tutela y protección ya sea del macho, de dios, la iglesia, la comunidad o cualquier ente que represente el poder que siempre ha habido sobre ellas, por el mero hecho de ser mujeres.

Ésta es, en el fondo, la causa de todas las campañas antiaborto que en el mundo y ahora en España, existen, campañas que ponen en peligro la vida de la mujer en pro del embarazo, que defienden su encarcelamiento por decidir interrumpirlo o que incluso han llevado al asesinato de médicos en los EE.UU. y atentados terroristas a clínicas donde se practicaban abortos.

¿Cómo podría una mujer -una mujer- decidir sobre si lo que lleva en el vientre nace o no? Pero esta sexista visión de la toma de decisiones se torna abiertamente hipócrita cuando se mezcla la moral burguesa en el asunto. El aborto ilegal condenaba a las mujeres pobres a poner en peligro su propia vida cuando las mujeres de posición podían “irse a Londres”.

Los políticos burgueses -de derecha e izquierda- desearían contentar a su base electoral y a los poderes fácticos (concordatos económicos con la Iglesia, por ejemplo) en un cínico juego en el que desaparece el pilar de cualquier planteamiento legislativo en esta cuestión: el derecho a decidir de las mujeres sobre su propio cuerpo.

Ese juego fue el cuerpo de doctrina de la legislación de 1985 y 2009 en el estado español, y lo siguió siendo en 2010 con la reforma del PSOE que a pesar de contener algún avance fruto de la lucha feminista, continuó defendiendo el aborto como delito al mantenerlo tipificado en el código penal. Pero ahora viene la contrarreforma de 2013 impulsada por Gallardón en la que sin faltar a las reglas del juego, se quiere dar un mayor protagonismo a la moralidad católica española.

La reforma de la actual legislación sobre el aborto impulsada por el PP es en el fondo, el intento de recuperar una identidad ideológica con la base reaccionaria española desdibujada por la crisis político-económica. Se trata de conseguir el “bueno, estos son los míos, a pesar de todo lo que está cayendo”.

Casi 40 años después de supuesta democracia, la ideología reaccionaria triunfante del franquismo, en la que los planteamientos católicos, capitalistas, patriarcales y de la inquebrantable unidad de la patria, siguen formando parte, aunque sea en medidas variables del combinado, de un gran número de ciudadanos que la derecha española cuenta como base electoral.

Sería impensable cualquier contrarreforma en esta materia (como en casi cualquier otra cosa) sin esa base electoral. Pero el panorama hay que completarlo con la complicidad de los gobiernos de “izquierda” que ha habido, cuyas tímidas reformas en educación y derechos de las mujeres no han servido para transformar la mencionada base reaccionaria en la sociedad civil.

La educación que debería basarse en ayudar a las y los jóvenes a “cómo pensar” en vez de “qué pensar” está en el 50% en manos de la iglesia católica y el otro 50% -la enseñanza pública- ha ido empeorando progresivamente hasta casi el pudrimiento. No son los supuestos científicos la base de la enseñanza, sino postulados ideológicos que pretenden hacer de las nuevas generaciones el recambio de una sociedad basada en la desigualdad social, el patriarcado y la confianza en “el sistema”. En ese marco, la Iglesia, cuya presencia política sigue siendo mantenida con dinero público, influye con su ideología reaccionaria de manera decisiva. Si a la misa dominical no se va, siempre estará todo el conglomerado de medios de comunicación que directa o indirectamente posee.

Y es reaccionaria porque es del todo falsa. Su definición de la “vida” no tiene nada que ver con los procesos biológicos naturales demostrados desde hace décadas por la ciencia, por lo que sus supuestos morales extraídos de aquella definición se parecen mucho a los mismos con los que se condenó y asesinó a tantas personas en el pasado.

La vida no se inicia en el momento de la fecundación. Ya sólo ese término, fecundación, es erróneo, además de machista (el esperma -masculino- fertilizaría al -óvulo -femenino-). Antes que eso tanto espermatozoides como óvulos presentan todas las características de células vivitas y, nunca mejor dicho, coleando. Y por cierto, los dos, desde el punto de vista genético son exactamente iguales.

La iglesia no puede demostrar, y el mismísimo ministro de Justicia tampoco, que un “alma” se incorpora en ese mismo instante a la nueva célula. Es más, la ciencia informa que no será hasta mucho después en que aparecerá el sistema nervioso que con toda certeza, es el responsable de las capacidades racionales -pensamiento- y emocionales que poseen los animales, incluido el ser humano.

Estamos en el año 2013 y tenemos que seguir peleando por la veracidad de hechos científicos demostrados hasta la saciedad y que debería saber un escolar de primaria. Pero en vez de eso, ese escolar es sometido a la abominable violación de sus derechos que supone la implantación en su cerebro de ideas fabulosas como que existe un dios, el infierno y sus horrores, que casi todo es pecado y que la “vida” es sagrada. Y los de la escuela pública poco más o menos: absoluto respeto y consideración con las ideas religiosas imperantes.

No parece razonable tratar de convencer que un montoncito de células tiene más derechos que el ser humano adulto, en este caso que la mujer, que es quien lo porta y que el ejercicio de esos derechos niegue los que las mujeres deberían tener reconocidos y protegidos. Sólo el afán (por interés económico, político, social…) de someter a la mujer puede dar soporte a esa lógica. Pudiera parecer que se trata de ignorancia pero como decíamos al principio, será ignorancia para el populacho reaccionario porque al final todo consiste en imponer el patriarcado mediatizado por la doble moral burguesa.

Resultaría gracioso, si no fuera porque la realidad es terrorífica, el ver como las instituciones que tanto adoran la vida del pre-nacido, desprecian lo que le ocurre al post-nacido pobre, le dejan por ahí, sin una escuela decente a la que acudir, sin cobertura sanitaria y con unos padres con cada vez menos medios económicos, dejado de la mano de los medios de comunicación diseñados para la estupidez del consumo irrealizable, hasta que, el ejército los reclute y mueran para defender a la patria.

Ni siquiera podemos entender la defensa del derecho de las mujeres a decidir como un “mal menor” como sugieren algunos pro-aborto, porque no deja de ser una intromisión en dicho derecho, ni aunque desde posiciones “realistas” se diga que cualquier intento de mediatizar ese derecho se haga imposible en la práctica -la que quiera abortar, abortará-. Lo que les decimos a estos señores es que se posicionen. Que o se está con la libre decisión o no se está.

Pero nosotras y nosotros sí queremos que haya una legislación, es decir, una tutela real y efectiva para que ese derecho pueda ejercerse libremente Y para ello proponemos:

– Gratuidad del aborto y libre acceso al Sistema sanitario público para su realización.

– Despenalización total del aborto.

– Respeto absoluto del derecho de las mujeres, incluidas las menores, a decidir: la interrupción voluntaria del embarazo es una decisión que debe tomar cada mujer libremente.

– Expulsión de ese sistema de todo sanitario que se niegue a practicar una interrupción del embarazo.

– Persecución penal a cualquier persona que evite un aborto si es el libre deseo de una mujer.

– Educación sexual en la igualdad desde la infancia.

– Incorporación de toda la escuela concertada al sistema público de enseñanza.

– Educación pública de calidad y basada en el conocimiento científico.

– Incorporación a todo tipo de legislación pertinente de los derechos sexuales y reproductivos de las mujeres.

No se trata, por tanto de dejar las cosas como están. No sólo no ha sido suficiente. Entre otras cosas, porque ha permitido que una nueva ola reaccionaria anti-mujer pueda triunfar en nuestra sociedad.

La vida es un proceso en continua evolución. Ha creado criaturas tan complejas y bellas que portan valores autoconscientes de libertad y lucha -aunque les cueste la vida-. En eso consiste en verdad, lo sagrado de la vida, no en un imperativo de una divinidad inventada por el poder y el temor, sino en la imparable y continua marcha hacia una visión de lo que somos como anticipo de lo que llegaremos a ser. Hoy las mujeres protagonizan, en la lucha por sus derechos, esa evolución constante de la vida, frente a las fuerzas que desearían paralizarla, sujetarla y dirigirla.

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