Por el SÍ en el referéndum del 1 de octubre,por el derecho del Pueblo de Catalunya a su autodeterminación e independencia

El 1-O marcará un punto decisivo en el futuro del Régimen continuador del franquismo que padecemos los pueblos trabajadores expoliados por el Estado español. Si la verdadera cara de este régimen -capitalista, fascista, imperialista, clerical y patriarcal- se ha ido clarificando con el paso de los años, es ahora cuando no puede evitar que se le caiga la careta.

Las comunistas organizadas en las tierras castellanas hemos repetido que el Estado español no ha sido nunca una democracia burguesa al estilo de los Estados del entorno europeo, sino que era continuador del Régimen vencedor de una guerra propiciada por un golpe de Estado fascista que asesinó, reprimió y exilió a millones de personas. Esto es un régimen genocida. El dictador al que auparon las élites oligárquicas capitalistas dejó bien claro con su famoso “lo dejo todo atado y bien atado” que lo fundamental del sentido del Régimen le sobreviviría. Y así fue. El “nuevo” régimen, llamado del 78, no tocó un pelo de los fundamentos del anterior. Y, en este sentido, ni siquiera el nuevo mapa territorial autonómico representaría ninguna transformación decisiva.

No importaría tener partidos de izquierda legalizados si estos prestaban juramento al Poder, representado ahora por el monarca restituido por el propio Franco. Así lo hizo el PCE y su entorno sindical y popular; así lo hizo el PSOE, partido parido desde las entrañas del propio franquismo a través de la Falange con la ayuda de la CIA; y así lo hicieron los partidos burgueses nacionalistas que renunciaban a sus supuestas convicciones democrático-burguesas por las presidencias autonómicas.

La Constitución que coronaría el nuevo marco legal sería la tapadera para esconder al Régimen sobreviviente al garantizar los privilegios y el poder absoluto del gran capital financiero e industrial, los militares, la iglesia católica y la oscura trama del Estado profundo. Ni que decir tiene que, en sus aspectos sociales, la propia Carta se defiende de su aplicación efectiva.

El Régimen franquista y del 78 (queremos así dejar claro que es el mismo) surgió como respuesta sangrienta y represiva a la legítima lucha de las clases populares y sus pueblos trabajadores por una vida mejor, y NO ha resuelto los gravísimos problemas que padecen. Esos problemas se han visto acrecentados en la medida que el Régimen ha seguido tan campante con sus modos y maneras sin hacer demasiado caso del ruido de protesta que, aunque siempre existente, ha subido de nivel con el proyecto de independencia que el pueblo de Catalunya exige para sí.

Nunca como hasta ahora se comprueba el grado de agotamiento del Régimen, incapaz de dar una respuesta que calmara a sus aliados de la burguesía catalana. Si bien el poder del dinero en este caso puede ser un as bajo la manga -¡que el PSOE en estas horas está ofreciendo!-, las amenazas, los registros, los requerimientos de jueces y fiscales, la alerta de la GC y la PN ante el 1-O son las bazas del Gobierno, por ahora. ¿El ruido de sables será lo siguiente?

En definitiva, la postura del Régimen demuestra no sólo su carácter represivo y liberticida, en su línea, vamos, sino que, además, subraya su desidia y pereza para encontrar siquiera una frase conciliadora, una chispa de inteligencia política. El Régimen está acabado y lo saben.

Y eso, a pesar de los intentos por parte de la oposición, Podemos-IU o el PSOE, que sólo dice incoherencias sobre la “nación de naciones” y ofrece más dinero a cambio de mantener la autonomía, claramente posicionado con el Gobierno del PP. El Régimen se defiende con una sola palabra a modo de encantamiento o maldición mágicos para intentar manipular, acobardar y talibanizar a las personas y organizaciones simplonas, temerosas y/o criminales: “España”. Éste es el nivel del discurso y acción política del Estado español: ni una sola propuesta, iniciativa. España y la Ley y el Orden ¿Os suena?

Y ya sea por temor, por convencimiento o por análisis escandalosamente simple de la historia de “España”, estas personas y organizaciones se ponen, sin querer o queriendo, al lado de un régimen que es “español” porque sí, sin más mandangas, al defender su continuidad en una supuesta historia española infinita.

España no es más que un Estado que mantiene un territorio obtenido por la guerra continua a mayor beneficio de la acumulación de capital y que se autoproclama nación única y verdadera por ese acto guerrero a fin de legitimarse y crear el vínculo afectivo-simbólico necesario para esa acumulación. Y Estado español es ejército, represión y terror, por si no sirve el simbolismo afectivo.

Y luego están los del discurso de que la independencia de Catalunya socava la “unidad de clase”, de clase obrera, que esgrimen organizaciones estatal-españolas, y que no han tenido, desde luego, ningún protagonismo en este proceso por la independencia, y que, no solo critican al bloque que representa Junts pel sí por su naturaleza burguesa, sino también a las CUP por su supuesta disolución en ese bloque abandonando las posiciones de clase.

No nos intenten engañar con esa falsa retórica clasista. Tras la “unidad de clase” se parapeta realmente la unidad de clase nacional-española, concepto antimarxista y para nada internacionalista, pues la clase obrera como clase internacional sólo puede cohesionarse a través de su autonomía como clase para dirigir los procesos revolucionarios en cada nación, que son necesariamente distintos y no por la acción de un centro dirigente que estaría en ¿Madrid? Intentar colar la absolutamente necesaria unidad de clase internacionalista en este contexto es intentar justificar la permanencia de organizaciones supuestamente revolucionarias de carácter español y, más exactamente, la continuidad de los aparatos políticos y dirigentes que las controlan. No es extraño que después de incluso justificar el referéndum y apoyar el SÍ se termine con una consigna por la unidad abstracta de pueblos y clases abstractos (no tanto, se refieren a españoles).

Si Catalunya es un pueblo oprimido y tiene derecho a la autodeterminación, ¿qué diremos del pueblo castellano? Si también lo tiene, ¿dónde queda España? Si entendemos que España es un sistema imperialista que oprime a todos los pueblos del Estado, ¿no es lógico que los destacamentos revolucionarios se organicen en cada pueblo?

La clase obrera no es española, y la unidad de España no garantiza la unidad de clase, muy al contrario: al asumir la organización territorial, administrativa y política del Estado diseñada para asegurar la acumulación de capital y, por tanto, dividir y debilitar a la clase obrera, se quiera o no, se contribuye a ese debilitamiento, al hacer depender la práctica política del destacamento revolucionario de un centro que, la realidad lo demuestra, tenderá inevitablemente a la tentación de dirigir a una clase estatal-española sin entender la naturaleza imperialista opresora de pueblos trabajadores por el Estado español.

COMCAS apoya, de manera consecuente a su internacionalismo, la lucha que las CUP han desarrollado y que sin la cual, muy probablemente no habría siquiera 1-O. Sería por nuestra parte una desvergüenza criticar públicamente tal o cual decisión tomada por esta organización. Sólo podemos expresar nuestra admiración por su lucha, y la “sana envidia” que nos produce el nivel de conciencia política de millones de personas en Catalunya que han comprendido, en la teoría y en la práctica, la naturaleza fascista del Estado español y, entre esos millones, muchos trabajadores y trabajadoras también han comprendido su naturaleza capitalista y patriarcal.

Y, por supuesto, no caeremos en la cómoda posición de la advertencia permanente al estilo de “sin revolución social la independencia no sirve para nada”, y golpe de manual por el estilo. ¿Piensan que en Catalunya hay gente tan simple que no sabe eso y más? Y mucho más porque el conocimiento real se consigue en la praxis política, en el movimiento real, y no en sesudos razonamientos de salón o barra de bar. Y lo que ocurre en Catalunya es una explosión de práctica política en la que intervienen todas las clases de la sociedad y, por tanto, es un crisol de lucha de clases política REAL. Sea cual sea el resultado de esta batalla concreta, podremos esperar una cosa: el fortalecimiento del movimiento obrero y popular y sus organizaciones internacionalistas y de clase.

Las revoluciones obreras no se producen a golpe de manual. Lenin lo sabía perfectamente. Y también sabía que no están libres de contradicciones, errores y pasos hacia atrás. El comunismo no es un camino recto. La posibilidad del cambio social se abre de manera no prevista muchas veces y casi nunca desde un modelo teórico.

La hazaña del pueblo trabajador catalán reside en no querer esperar a que otros pueblos tomen la misma iniciativa o esperar que se democratice el Estado español para exigir su derecho porque, ¡hasta las fuerzas más “democráticas” y “revolucionarias” del Estado les niegan el derecho a la independencia!

No hay proceso a la Democracia en el Estado. Ni puede haberlo. El Estado español y lo que defiende sólo se superará con la destrucción de ese Estado en todos sus aspectos, incluido el territorial; esto es, imperialista. Y este último sólo se consigue con la independencia nacional de los pueblos.

Y estamos en ese momento, no en otro, en el de la posibilidad de destruir una parte del aspecto imperial del Estado español. Nosotras apoyamos esa posibilidad.

¡VISCA EL POBLE TREBALLADOR CATALÀ!

¡VIVA EL PUEBLO TRABAJADOR CASTELLANO!

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