Solidaridad castellana con el pueblo trabajador catalán

Independenciapercanviar-hotot

Ante la reciente celebración de la Diada de Catalunya y la proximidad del referendum, de carácter no vinculante, planteado para el 9-N en Cataluña, desde Comunistas de Castilla queremos manifestar lo siguiente:

1. Desde el Estado español, el gobierno del PP, así como otros partidos y medios de comunicación del Régimen se ha lanzado una campaña de presión y manipulación de conciencias que no ha dudado en azuzar, una vez más, de forma irresponsable el odio anticatalanista más irracional, apelando a un imaginario reaccionario incubado históricamente por las oligarquías españolas e inoculado entre las clases populares castellanas a partir de una historia nacional española mitificada y proyectada teleológicamente a la medida de la legitimación de la actual configuración del Estado español.

Ese anticatalanismo ha sido resucitado recurrentemente acudiendo al discurso de la “insolidaridad catalana” siempre que han existido conflictos de intereses, no antagónicos, entre fracciones de las clases dominantes. En la actualidad este discurso ha vuelto a ser resucitado, de manera que mientras la burguesía catalana representada por CIU abandera el llamado pacto fiscalaludiendo al interés general de todo el pueblo catalán, y no al suyo particular, el de las élites políticas y económicas catalanas, el gobierno español del PP, representante de la fracción más españolista y ultraderechista de la oligarquía española, trata de envolver su rechazo a la consulta y al derecho a decidir del pueblo catalán en “interés de todos los españoles” y la legalidad de la Constitución monárquica española del Régimen del 78 que precisamente hoy se encuentra profundamente cuestionado por amplios sectores sociales y se tambalea acosado en sus pilares fundamentales: la corrupción estructural, la desafección hacia la Monarquía, el naufragio del bipartidismo, el fracaso del modelo territorial centralista-autonómico y las desastrosas consecuencias del modelo socieconómico liberal-burgués para las clases populares.

Este discurso anticatalanista, manido y recurrente, no hace sino emular la reclamación que, desde hace siglos, las sucesivas dinastías y clases dominantes enarbolan para el sometimiento y uniformización jurídico-política de los reinos peninsulares. Ésta estrategia, se remonta a episodios como el frustrado intento de imposición de la Unión de Armas del Conde-duque de Olivares y Felipe IV, pasando por los Decretos de Nueva Planta a través de los cuales Felipe V consiguió imponer una centralización y homogeneización jurídico-administrativa decisiva, que sin embargo en los siglos siguientes no suprimió las identidades y el desarrollo desigual económico de los territorios peninsulares y la emergencia de múltiples articulaciones socieconómicas y culturales que dificultarán la organización del mercado interior capitalista español. Ello permitió, que en Cataluña emergiera un regionalismo catalán burgués -y más tarde, paralelamente, un catalanismo popular- a partir de la industrialización y la crisis del imperialismo español de fines del XIX. La consolidación de un pacto entre las diversas facciones de las clases dominantes (las burguesías catalana y vasca, y la burguesía agraria castellana y andaluza) que se constituyen en un bloque dominante español, no evitará sin embargo posteriores pugnas entre la burguesía agraria castellana y la burguesía industrial catalana que se manifestaron en diversas disputas económicas y políticas, en la que los poderosos agrarios castellanos azuzaron el anticatalanismo como señuelo para arrastrar tras de sí a las clases medias y populares, lo que de nuevo hoy se repite.

La actual campaña ideológica, se sustenta principalmente en dos claves: primero, la negación de la identidad nacional catalana y del resto de pueblos bajo jurisdicción del Estado español y la afirmación de una única identidad nacional española dominante que únicamente reconoce la existencia de regiones autonómicas cuyo sometimiento y subordinación quedó sellado en la Constitución de 1978, que en su artículo octavo reserva al ejército garantizar la “indisoluble” unidad de España; y, segundo, en potenciar la imagen deformada de que todo el soberanismo-independentismo catalán responde al egoísmo fiscal de Artur Mas y CIU que son presentados como promotores voluntarios que encabezan y personifican el llamado “desafío” o “pulso soberanista”.

En esa campaña todo vale. Es el caso de la hipócrita utilización, sobre todo desde la derecha española, del oportuno caso de corrupción de Jordi Pujol para deslegitimar la consulta, que por un lado quiere hacernos creer que las élites políticas españolas están en condiciones de dar lecciones de moralidad y pulcritud, y por otro obvian intencionadamente que Pujol constituyó precisamente uno de los mejores garantes de la Transición española y del actual régimen español autonómico, de lo que dan cuenta las súbitas declaraciones de Felipe González defendiendo su inocencia. También se ha recurrido a la burda utilización mediática de la campaña del miedo encabezada por el gobierno británico, la banca de ese país o el FMI dirigida a decantar de forma flagrante el referendum en Escocia hacia el No.

Ante este escenario, el pueblo trabajador castellano, si no quiere volver a convertirse en arma arrojadiza y pelele en manos de intereses del actual régimen monárquico españolista y corrupto que nos empobrece como clase y nos mantiene divididos como pueblo en autonomías caciquiles, ha de trazar su propio análisis y proyecto político con la cabeza fría, rompiendo el cordón umbilical que históricamente nos ha querido envolver en mitos nacionales españoles imperialistas que nada tienen que ver con los intereses de la mayoría del pueblo castellano. Ese régimen monárquico españolista históricamente nos ha tratado de convertir en la principal plataforma y retaguardia ideológica de los intentos homogeneizadores de consolidar proyectos nacionales-españoles de dinastías y oligarquías imperialistas que se han sostenido históricamente sobre la ruina de las instituciones castellanas, la frustración de nuestro desarrollo económico independiente y la aculturación de lo castellano a través de la apropiación de nuestra cultura, folklore y nuestra lengua, para la uniformización del Estado de las clases dominantes y su imposición sobre las clases populares castellanas y el resto de pueblos trabajadores, con el único fin de construir un mercado nacional-español que dilapidó nuestras riquezas en guerras interimperialistas o las entregó a banqueros y multinacionales.

Dicho más claramente: nuestro enemigo, como pueblo trabajador castellano, no es “Cataluña”, ni los “catalanes”, nuestro enemigo son las élites políticas y económicas españolas, esto es, la oligarquía española, integrada históricamente por la burguesía castellana, vasca, catalana… y su proyecto de Estado monárquico, centralista y capitalista. Nuestros iguales son los pueblos trabajadores catalán, vasco, andaluz, gallego, canario, etc.

2. Bajo ese clima de lobotomización españolista y ante la inminencia de la consulta, han brotado con fuerza cada vez mayor los llamamientos del PP, coincidentes con los del ultraderechista Ciutadans que buscan prohibir lo que es un acto eminentemente democrático y legítimo incluso desde los teóricos parámetros democrático-burgueses. Por otra parte los juegos malabares y la esquizofrenia política del PSOE-PSC, que reniegan igualmente de la consulta, persiguen la cuadratura del círculo presentando la Monarquía española del 78 como un régimen plural, abierto al diálogo de un nuevo modelo territorial que pasaría por renegociar con la burguesía catalana mayores cuotas de autonomía o un régimen federal -a modo de segunda transición entre las élites-, pero que en ningún caso contemplaría la posibilidad de la independencia y menos aún el protagonismo del pueblo trabajador catalán. Finalmente, las lamentables declaraciones de la principal fuerza de la izquierda reformista española, IU, por boca de Cayo Lara, negando el derecho a decidir del pueblo catalán bajo los mismos argumentos de la oligarquía española, evidencia como el españolismo, esto es, la ideología nacionalista española que se fundamenta en la negación del histórico carácter plurinacional del Estado español y el reconocimiento de los pueblos y naciones con identidad propia, no es de ningún modo patrimonio exclusivo de la derecha y la socialdemocracia española, sino que campa con fuerza entre sectores que se reclaman de la izquierda española.

3. Todo ello ha puesto de manifiesto: primero, que bajo el capitalismo y la U.E. el derecho de autodeterminación que la burguesía recogió formalmente en la Carta de las Naciones Unidas no es sino una entelequia cuya aplicación siempre ha estado en la práctica a merced de los intereses de las oligarquías de los Estados imperialistas; y segundo, que sólo desde una perspectiva socialista-comunista los pueblos sin Estado pueden desarrollar plenamente el derecho democrático a la autodeterminación bajo la dirección protagónica e intereses del pueblo trabajador.

4. Desde Comunistas de Castilla, caracterizamos el movimiento soberanista-independentista catalán como heterogéneo en su composición socieconómica y en cuanto a su procedencia cultural y geográfica. Es, por tanto, un movimiento democrático interclasista que, siendo fundamentalmente político, ya que reclama un Estado independiente, paralelamente alberga esperanzas de cambio social para sectores del pueblo trabajador catalán, entre los que se encuentra la propuesta revolucionaria de la izquierda independentista, socialista y feminista que aspira a la independencia per canviar-ho tot (cambiarlo todo).

En este sentido, como comunistas castellanos e internacionalistas, sólo podemos desear fuerza al pueblo trabajador catalán para disputar la hegemonía de este proceso a CIU, genuino representante de la burguesía catalana y parte integrante de la oligarquía española que, al contrario de lo que se cree, lejos de desear la independencia (ya que la burguesía catalana necesita del mercado estatal y del Estado español que permite al capital catalán su internacionalización) se ha visto abocada a hacer malabarismos para colocarse a la cabeza de un creciente soberanismo y no verse defenestrada electoralmente fruto de sus políticas neoliberales, regionalistas, antisociales y represivas, y, asimismo, desplazar también a la socialdemócrata ERC, para avanzar así en la construcción de unos Paisos Catalans socialistas y feministas fuera de la Unión Europea y la OTAN, que gozarán sin duda del apoyo internacionalista de las izquierdas del resto de pueblos que luchan por la autodeterminación y el socialismo.

Comunistas de Castilla 

Septiembre de 2014

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